lunes, 26 de noviembre de 2007

Altarriba



Don Arturo y don Alberto García Carraffa en su obra "Enciclopedia Heráldica y Genealógica de Apellidos Hispanoamericanos" dicen acerca del apellido Altarriba, que en Cataluña y Aragón han existido varias familias así apellidadas, probablemente originarias de un mismo solar y tronco.

Créese que el primitivo solar del linaje radicó en el lugar de Altarriba, del que tomó el nombre, Ayuntamiento de Estarás, partido judicial de Cervera, en la provincia de Lérida, y que de ese solar dimanaron todas las casas del apellido.
En el siglo XIV ya florecían en Aragón individuos de ese linaje.

Pedro de Altarriba sirvió al Rey aragonés Don Pedro IV en 1360, siendo Capitán de una armada de galeras que envió contra el Monarca de Castilla.

Felipe y Rodrigo de Altarriba asistieron a la jura del Rey de Aragón Don Juan II, y Mosén Juan de Altarriba asistió a las Cortes de 1446.

Por último señalar que en el "Diccionario de Apellidos Aragoneses", se documentan dos casas del apellido Altarriba, a juzgar por la diferencia en sus armas, ambas originarias del lugar de Huerto y documentados posteriormente en Sariñena, Monzón y Ribagorza.

Armas: unos Altarriba aragoneses originarios del lugar de Huerto, usaron: En campo de gules, tres bandas de plata.

Madre sirena

Te digo al llegar, madre,
que tú eres como el mar; que aunque las olas
de tus años se cambien y se muden,
siempre es igual tu sitio
al paso de mi alma.

No es preciso medida
ni cálculo para el conocimiento
de ese cielo de tu alma;
el color, hora eterna,
la luz de tu poniente,
te señalan ¡Oh, madre! entre las olas,
conocida y eterna en su mudanza.

A mi madre

Generosa Oceanía de silencios
tu palabra de amor me levantó
más allá de mis plegarias de luz,
grabando en mármol azul, tu voz
que en mi boca crepuscular anidó
la esencia total de tus sentimientos.

La clara concepción de tus caminos
me lleva transparente por las sombras,
recojo el mensaje de la vida
que en el bautismo de mis días,
tus ojos grabaron en mi memoria.

Así, soy en ti, la poesía
tu sacrificio y tu dolor me marcaron
y forjaron en mí el concepto de la hombría
tus azules manos artesanas tallaron en mí
la verdad, el trabajo y el honor.

Día a día seguí tus lágrimas
y noche tras noche caminé tus oraciones;
te vi caer de las sombras del cansancio
cuando la noche rompía tu fortaleza,
y al segundo de tu entrega
vi alzarse tu estatura astral
en la galaxia de la vida y de la muerte.

Y hoy que soy un universo de luz,
y un huracán desmedido de ilusiones,
vivo la pasión y el amor
con la misma intensidad que has vivido tu dolor;
admiro tus batallas, madre mía;
como silueta dibujada en el océano azul
con la presencia inconfundible de la luz.

Soy en ti la prolongación rumorosa de tus sueños
y la voz universal de seis corazones invisibles,
que hacen presente el homenaje de amor
en el reino silencioso de tu entrega total.



~ Alejandro Latorre Quintanilla ~

lunes, 12 de noviembre de 2007

Cambios de actitud ante las relaciones sexuales.


Los sentimientos de pudor que rodean a las relaciones sexuales entre las personas han ido intensificándose y cambiando considerablemente con el proceso civilizatorio. Esto se muestra claramente en la dificultad con que tropiezan los adultos de las últimas fases de la civilización cuando tienen que hablar con sus hijos de tales relaciones. Pero esa dificultad se nos antoja hoy algo natural. Hoy pensamos que, por razones biológicas, el niño no puede saber nada de las relaciones entre los sexos y que constituye una cuestión extraordinariamente delicada y difícil ilustrar a los adolescentes sobre sí mismos y sobre lo que pasa en torno suyo. En realidad, esta situación no tiene nada de natural; antes bien, es el resultado del proceso civilizatorio, como puede comprobarse en cuanto se observa el comportamiento correspondiente de los seres humanos en otra fase del proceso. El destino que sufrieron los famosos coloquios de Erasmo de Rotterdam nos ofrece un buen ejemplo de lo que estamos diciendo. (...)

Al observador de la época contemporánea le resulta extraño que en sus diálogos, Erasmo hable a los niños de las prostitutas y de las casas en las que éstas viven. A los hombres de nuestra etapa de la civilización les parece inmoral mencionar tales instituciones en un libro para niños. Cierto que estas instituciones existen como enclaves también en la sociedad del siglo XIX y del siglo XX, pero resulta que el miedo púdico con el que se ha cubierto la totalidad del ámbito de los impulsos de los seres humanos desde pequeños, así como «el anatema del silencio» que ha recaído sobre estos temas en el trato social, son absolutos. La mera mención de estas opiniones y de tales instituciones en el trato con los niños es un delito, una corrupción del espíritu infantil; y, por lo menos, una falta de condicionamiento del peor tipo.

En tiempos de Erasmo era perfectamente natural que los niños supieran de la existencia de estas instituciones. Nadie trataba de ocultárselas. En todo caso se les avisaba del peligro que suponían; precisamente lo que hace Erasmo. Si nos limitamos a leer únicamente los libros pedagógicos de la época, entonces, en efecto, parece como si la mención de estas instituciones sociales fuera solamente una ocurrencia de algún autor aislado. Pero cuando recordamos cómo los niños vivían con los adultos; cuando vemos qué delgado era el muro de intimidad que separaba a unos adultos de otros y, también, a los adultos de los niños, entendemos que estas conversaciones, como las de Erasmo y las de Morisotus, en realidad se remitían de modo inmediato a las pautas sociales dominantes en su época. Los autores tenían que partir del hecho de que los niños lo sabían todo; esto era algo natural... La tarea del educador consistía en mostrarles cómo tenían que comportarse frente a estas instituciones sociales. (...)

Hasta cierto punto lo mismo cabe decir de la relación sexual en general, incluso de la matrimonial. Podemos hacernos una idea de ello considerando las costumbres de la noche de bodas. Al hacer su entrada en la cámara nupcial, la comitiva iba precedida por los mozos de honor. La doncella de honor, a su vez, desnudaba a la novia, quien tenía que despojarse de todas sus joyas. Para que el matrimonio fuera válido era necesario que los novios entraran en el lecho en presencia de testigos. Esto es, «se les acostaba juntos». «Cuando en el lecho se ha entrado, el derecho se ha conquistado». se decía en la época. En la Baja Edad Media fue cambiando paulatinamente esta costumbre de modo que los novios podían echarse en la cama vestidos. Por supuesto estas costumbres cambiaban en función de las clases sociales y también en función de los distintos países. No obstante sabemos que en algunos casos, como en Lübeck, por ejemplo, este uso antiguo se mantuvo en vigor hasta los comienzos del siglo XVII. Todavía en la sociedad cortesano-absolutista de Francia se mantenía el uso de que los testigos acompañaran al novio y a la novia hasta el lecho nupcial donde éstos se desnudaban y recibían el camisón de manos de aquellos. Todo esto constituye un síntoma del cambio de pautas en los sentimientos de pudor suscitados por las relaciones sexuales.

A lo largo de estos ejemplos podemos ver con bastante claridad el carácter específico de aquellas pautas de sentimientos de pudor que posteriormente acabarán siendo dominantes a lo largo de los siglos XIX y XX, En esta época son los propios adultos. los que en gran medida ocultan todo lo relativo a la vida sexual y la excluyen del trato social convencional; por esta razón resulta posible, y hasta necesario. esconder con mayor o menor habilidad esta parte de la vida durante el mayor tiempo posible a los ojos de los niños. En las épocas anteriores las relaciones sexuales así como las instituciones que las regulan están mucho más claramente incorporadas a la vida pública; en consecuencia resulta más comprensible que los niños adquieran conocimiento de esta parte de la vida desde pequeños. Ni siquiera para asegurar su condicionamiento (esto es para hacerles alcanzar las pautas de comportamiento de los adultos} existe necesidad alguna de presentar esta esfera de la vida a los niños cargada con la misma cantidad de tabúes y de secreto con que hubo de hacerse en una fase posterior de la civilización, en correspondencia con el cambio en las pautas de comportamiento.


Fin

Fuente: Norbert Elias. El proceso de civilización. FCE, 1989

El comportamiento en el dormitorio.




El dormitorio se ha convertido en uno de los ámbitos más "privados" y más "íntimos" de la vida humana. Al igual que la mayor parte de las funciones corporales, también el "dormir" es algo que se ha ido relegando, cada vez más, a la trastienda del trato social. La familia nuclear es el último enclave legítimo socialmente sancionado que ha quedado de estas funciones, al igual que ha sucedido con muchas otras funciones sociales. Sus muros visibles e invisibles arrebatan a la mirada de los otros seres humanos los aspectos más "privados", más "íntimos" de los otros, esto es, la parte irreprimiblemente "animal" de estos.

En la sociedad medieval esta función todavía no se había privatizado tanto, ni se había excluido de la vida social. Lo normal era recibir visitas en las habitaciones en las que había camas y, las camas, a su vez, según su tipo, tenían una función social de ostentación. Era muy frecuente que muchas personas pasaran la noche en la misma habitación; en la clase alta lo hacía el señor con sus criados y la señora con su doncella o con sus doncellas; en las otras clases solían dormir en la misma habitación hombres y mujeres juntos y hasta también los huéspedes que allí pernoctaran.

Quien no dormía con toda su ropa, se desnudaba por completo. Por regla general, entre personas seglares la gente solía dormir desnuda y en las órdenes monásticas, según la rigidez de la regla, lo hacían completamente desnudos o completamente vestidos. (...) Resultará relativamente sorprendente que alguien conservara la camisa de día al ir a dormir por la noche; esta práctica despertaba la sospecha de que el interesado o la interesada podían padecer alguna enfermedad o defecto corporal, pues ¿por qué otro motivo tendría alguien interés en ocultar su cuerpo?; y, de hecho, ésta era la razón en la mayoría de los casos. Por ejemplo, en la Roman de la Violette leemos que la criada pregunta asombrada a su señora por qué va a la cama con la camisa y ésta le contesta que es a causa de una señal corporal que tiene.

Por lo demás, esta mayor naturalidad en cuanto a la exhibición del cuerpo desnudo, así como en relación con el límite correspondiente de la vergüenza, se manifiesta con especial claridad en las costumbres en el baño. A menudo se ha observado posteriormente con cierto asombro que los caballeros se hacían servir por mujeres en el baño y que igualmente se hacían llevar a la cama la bebida nocturna también por mujeres. Parece ser que la gente se desnudaba en la casa, antes de acudir a la de baños, al menos según la costumbre de las ciudades. "Cuántas veces", dice un observador, "atraviesa los callejones corriendo el padre desnudo, provisto de unos calzoncillos tan sólo, acompañado por su esposa desnuda y sus desnudos hijos, camino de la casa de baños. Cuántas veces he visto a las jóvenes desnudas y solas, o vestidas con una camisilla raída y un albornoz hecho jirones o bien con ese trapo que las cubre sólo por delante y por detrás y que la gente llama aquí Badehr. Éste se abre sobre los pies y las jóvenes se lo aprietan decentemente por detrás mientras van corriendo desde su casa a mediodía por los largos callejones, hasta la casa de baños. Aliado de ellas suelen correr los chicos desnudos de diez, doce, catorce y dieciseis años de edad".

Esta naturalidad va desapareciendo lentamente en el siglo XVI y, de modo más decidido en los siglos XVII, XVIII y XIX; primeramente en la clase alta y, luego, en todas las demás de la sociedad. Hasta ese momento, el estilo general de vida y la distancia menor entre los individuos hacen que la visión del cuerpo humano desnudo, al menos en los lugares más apropiados, sea incomparablemente más natural que en la primera fase de la Edad Contemporánea. Así, se ha podido decir, al menos con referencia a Alemania, que "tenemos el resultado sorprendente de que la visión de la desnudez completa era algo cotidiano hasta el siglo XVI. Todo el mundo se desnudaba por completo al ir a dormir y, además no había ningún tipo de tapujos en los baños calientes", y esto no solamente era válido para Alemania. Los seres humanos tenían una relación mucho más natural con su cuerpo igual que con muchas de sus funciones corporales; incluso cabe decir que tenian una relación infantil. Así lo muestran las costumbres y los hábitos en los baños.

La vestimenta nocturna especial comenzó a utilizarse aproximadamente en la misma época que el tenedor y el pañuelo de nariz. Al igual que los otros "utensilios" de la civilización, éste también hizo su camino lentamente a través de toda Europa, y también es un símbolo del cambio decisivo que se dio entre los hombres en aquella época. Crecía la sensibilidad de los seres humanos en relación con todo aquello que entraba en contacto con su cuerpo. El sentimiento de vergüenza se adhería a modos de comportamiento que, hasta entonces no tuvieron nada que ver con tal sentimiento. También aquí se repite, como suele suceder en el curso de la historia, aquel proceso psíquico que ya aparece en la Biblia ("Y vieron que estaban desnudos y se avergonzaron") como un avance que es de los límites de la vergüenza, como un adelanto en la represión de los impulsos. Desaparece, por lo tanto, la naturalidad con que la gente se muestra desnuda, como también desaparece la naturalidad con que hace sus necesidades en público. A consecuencia de ese cambio generalizado en la apreciación social de la desnudez, también la representación del cuerpo desnudo en el arte alcanza un significado nuevo: pasa a convertirse en ilusión y realización de un deseo. Para utilizar la expresión de Schiller, a diferencia de las formas naifs de la época anterior, ahora el arte se hace "sentimental".


Fin

Fuente: Norbert Elias. El proceso de civilización. FCE, 1989

Noveno Mes de Embarazo


Se aproxima la fecha estimada de parto (40 semanas), e incluso se puede sobrepasar, llegando hasta las 42 semanas de embarazo, siendo esto normal.

Posterior a las 42 semanas se habla de un embarazo de postérmino y los riesgos perinatales vuelven a incrementarse, debiendo haber una vigilancia muy estricta de la unidad fetoplacentaria, a partir de las 41 ½ semanas.

Hay preocupación y ansiedad por no olvidar nada para el momento esperado. Se prepara todo en la casa para el momento en que se vuelva con un integrante más de la familia.

Se acrecienta el deseo de conocer al hijo y tenerlo pronto en los brazos, sano y salvo.

Habitualmente los abuelos están ya listos para ayudar a sus hijos en el cuidado del recién nacido y también, por supuesto, para empezar a "malcriarlo".

Puede existir algo de temor al dolor, y al parto mismo, sea vaginal o cesárea, pero si ha habido un buen control y una buena relación médico-paciente, estos temores ya debieran estar controlados.


DESARROLLO FETAL EXTERNO

El cerebro está perfectamente constituido. Su sistema nervioso aún no se ha completado: todavía hay células desprovistas de función.

  • La mayoría de los niños se hallan ya en posición cefálica, es decir, situados cabeza abajo.

  • Aún conserva algo de vello en las mejillas, la espalda, los hombros y los muslos.

  • El esqueleto está completamente formado: todos sus huesos están ya soldados a excepción de algunos del cráneo (fontanelas).

  • Las aurículas izquierda y derecha están comunicadas mediante el denominado"orificio de Botal". Al nacer, cuando los pulmones se llenen de aire, se cerrará definitivamente.

  • El corazón late a una velocidad de 110-160 pulsaciones por minuto.

  • Las uñas de los pies han alcanzado las puntas de los dedos.

  • La mayoría del lanugo se ha desprendido.

  • La piel está cubierta de vérmix caseosa.

  • El punto de unión del cordón umbilical está en el centro del abdomen.

  • Hay cerca de 1 litro de líquido amniótico.

  • La placenta pesa alrededor de 500 g.

  • Las uñas de las manos se extienden más allá de las puntas de los dedos.


DESARROLLO FETAL INTERNO

  • Los alvéolos pulmonares están recubiertos de surfactante, lo que indica la maduración pulmonar del nuevo ser.

  • Los ovarios todavía están por encima del anillo pélvico.

  • Los testículos han descendido del todo dentro del escroto.

  • La punta de la médula espinal está en L3.

Lo que le pasó a don Grillo



Adriana, se había reunido con Sofía debajo del palo de mangó, como lo habían planeado. Traían con ellas herramientas de juguetes. Un martillo, un serrucho y unos alicates.

¡A trabajar! -dijo Adriana, y comenzó a golpear el tronco como si estuviera clavando. Sofía, se puso a jugar que aserruchaba una de las ramas.

-¡Ay!, ¡Auxilio! ¡socorro, me están tumbando la casa! ¡Ay!, ¡Auxilio! ¡Ay!…

Adríana y Sofía, dejaron de jugar. Y miraron asombradas a un pequeño grillo que gesticulaba mientras gritaba pidiendo auxilio.

-¡Un grillo que habla!. -exclamó Sofía.

-¡Claro que puedo hablar! Puedo hablar y cantar y brincar cuanto me plazca, pero eso no es motivo para que me tumben la casita.-le respondió el grillo.

-Lo siento señor grillo. ¡Sólo jugábamos a los carpinteros! Estas herramientas no son de verdad, son de plástico. -dijo Adriana.

-Es verdad, el serrucho no corta; únicamente hace risrás, risrás.-añadió Sofía.

-Pero, los golpes del martillo y el ruido del serrucho son verdaderos; y asustan. Asustan mucho. Por un momento pensé que se iba a repetir la historia.. -replicó el grillo

¿Qué historia?-preguntaron a coro, Adriana y Sofía

-Yo vivía feliz al lado de una quebrada, rodeado de flores y árboles frondosos. Entonces, llegaron unos: «desarrolladores», que así se les llama a los que hacen negocios, comprando y vendiendo tierra, y construyendo urbanizaciones y centros comerciales. Comenzaron talando los árboles y aplanando la tierra para construir edificios y fábricas. Sin árboles ni matas en el lugar, apenas llovía. La mayoría de los pájaros y animales decidieron buscar otro sitio para vivir y la gente comenzó a enfermar por falta de agua potable.

-¿Agua qué?-preguntó Sofía

-Agua potable, así se le llama al agua que las personas pueden beber sin temor a enfermar.-respondió el grillo.

-Continúe usted, don grillo-suplicó Adriana

- decía que: la mayoría de los pájaros y animales decidieron buscar otro sitio para vivir y la gente comenzó a enfermar por falta de agua potable. Las fábricas cerraron, pues, los trabajadores se mudaron, buscando otros sitios más saludables para sus familias. En poco tiempo, el lugar se convirtió en un pueblo fantasma. A pesar de todo, quería quedarme… ¡yo había nacido allí! Entonces…, ocurrió algo espantoso.

-¡Adríana!, ¡Sofía! Es hora de bañarse y arreglarse, pronto vendrán sus padres a buscarlas.-era la abuela, quien las llamaba. Adriana y Sofía, eran primas; y la abuela las cuidaba mientras los padres de éstas trabajaban.

-¡Ya vamos, abuela! Déjanos un ratito más.-le respondió Adriana.

-Esta bien, pero sólo cinco minutos más. -contestó la abuela.

Por favor, don grillo; termine la historia; pues, nos tenemos que ir-suplicó Sofía.

Lo que ocurrió espantoso fue… que nos azotó un huracán. La fuerza del viento y la enorme cantidad de lluvia que caía hizo que el cerro se convirtiera en un río de lodo cuya fuerza arrasó todo lo que tenía por delante. Apenas escapé. Pues, para evitar ser sepultado por el deslizamiento de tierra, brinqué a un pedazo de rama que flotaba quebrada abajo… Y, bueno…, aqui estoy, ¡y ustedes me quieren tumbar la casita!
-Perdone, señor grillo; no lo volveremos a molestar. Quisiéramos que fuera nuestro amigo. -le contestó, Adriana.

-¡Está bien! Ya lo olvidé, ¡ya lo olvidé! Sólo fue un susto. -Asintió el grillo.

-Don grillo, ¡necesitamos su ayuda! Nuestros padres piensan talar los árboles que están en la parte de atrás de la casa de abuela. -comentó Sofía

-Sí, los que están al pie del cerro.-confirmó Adriana.

-Por favor, don grillo, venga con nosotros, para que le cuente a la abuela, y a nuestros padres que están por llegar; lo que a usted le pasó, no queremos que algo así nos suceda a nosotros también. -Suplicaron, Adriana y Sofía.

-No puedo. Nunca hablo con las personas mayores. Converso únicamente con los niños.

- ¡pero hay que advertirles!-exclamó Sofía

- Eso, se lo dejo a ustedes. -les contestó el grillo, mientras se alejaba del lugar a grandes saltos.