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lunes, 23 de marzo de 2009

A mi madre

VII


Suelto el ropaje y la melena al viento,
cual se agrupan en torno de la luna...,
locas en incesante movimiento,
remedan el vaivén de la fortuna.

Pasan, vuelven y corren desatadas,
hijas del aire en forma caprichosa,
al viento de la noche abandonadas
en la profunda oscuridad medrosa.

Tal en mi triste corazón inquietas
mis locas esperanzas se agitaron
y a un débil hilo de placer sujetas,
locas..., locas también se quebrantaron.

Rosalía de castro

lunes, 14 de abril de 2008

A mi madre


VI

Errantes, fugitivas, misteriosas,
tienden las nubes presuroso el vuelo,
no como un tiempo, cándidas y hermosas,
sí llenas de amargura y desconsuelo.

Más allá, más allá..., siempre adelante,
prosiguen sin descanso su carrera,
bañado en llanto el pálido semblante
con que riegan el bosque y la pradera.

Que enojada la mar donde se miran
y oscurecido el sol que las amó,
sólo saben decir cuando suspiran:
«Todo para nosotras acabó.»

Rosalía de castro

A mi madre

V

Ya pasó la estación de los calores,
y lleno el rostro de áspera fiereza,
sobre los restos de las mustias flores
asoma el crudo invierno su cabeza.

Por el azul del claro firmamento
tiende sus alas de color sombrío,
cual en torno de un casto pensamiento
sus alas tiende un pensamiento impío.

Y gime el bosque y el torrente brama,
y la hoja seca, en lodo convertida,
dale llorosa al céfiro a quien ama
la postrera y doliente despedida.

Rosalía de castro

lunes, 24 de marzo de 2008

A mi madre

IV

Yo tuve una dulce madre,
concediéramela el cielo,
más tierna que la ternura,
más ángel que mi ángel bueno.

En su regazo amoroso,
soñaba... ¡sueño quimérico!
dejar esta ingrata vida
al blando son de sus rezos.

Mas la dulce madre mía,
sintió el corazón enfermo,
que de ternura y dolores,
¡ay!, derritióse en su pecho.

Pronto las tristes campanas
dieron al viento sus ecos;
murióse la madre mía;
sentí rasgarse mi seno.

La virgen de las Mercedes,
estaba junto a mi lecho...
Tengo otra madre en lo alto...
¡por eso yo no me he muerto!

Rosalía de castro

A mi madre

III

¡Ay!, cuando los hijos mueren,
rosas tempranas de abril,
de la madre el tierno llanto
vela su eterno dormir.

Ni van solos a la tumba,
¡ay!, que el eterno sufrir
de la madre, sigue al hijo
a las regiones sin fin.

Mas cuando muere una madre,
único amor que hay aquí;
¡ay!, cuando una madre muere,
debiera un hijo morir.

Rosalía de castro

lunes, 25 de febrero de 2008

A mi madre

II

¡Ay, qué profunda tristeza!
¡Ay, qué terrible dolor!
¡Tendida en la negra caja
sin movimiento y sin voz,
pálida como la cera
que sus restos alumbró,
yo he visto a la pobrecita
madre de mi corazón!

Ya desde entonces no tuve
quien me prestase calor,
que el fuego que ella encendía
aterido se apagó.

Ya no tuve desde entonces
una cariñosa voz
que me dijese: ¡hija mía,
yo soy la que te parió!

¡Ay, qué profunda tristeza!
¡Ay, qué terrible dolor!...
¡Ella ha muerto y yo estoy viva!
¡Ella ha muerto y vivo yo!
Mas, ¡ay!, pájaro sin nido,
poco lo alumbrará el sol,
¡y era el pecho de mi madre
nido de mi corazón!

Rosalía de castro

A mi madre

I


Cuán tristes pasan los días!...
¡cuán breves... cuán largos son!...
Cómo van unos despacio,
y otros con paso veloz...
Mas siempre cual vaga sombra
atropellándose en pos,
ninguno de cuantos fueron,
un débil rastro dejó.

¡Cuán negras las nubes pasan,
cuán turbio se ha vuelto el sol!
¡Era un tiempo tan hermoso!...

Mas ese tiempo pasó.
Hoy, como pálida luna
ni da vida ni calor,
ni presta aliento a las flores,
ni alegría al corazón.

¡Cuán triste se ha vuelto el mundo!
¡Ah!, por do quiera que voy
sólo amarguras contemplo,
que infunden negro pavor,
sólo llantos y gemidos
que no encuentran compasión...
¡Qué triste se ha vuelto el mundo!
¡Qué triste le encuentro yo!...

Rosalía de castro

lunes, 4 de febrero de 2008

Apegado a mí.


Velloncito de mi carne,
que en mi entraña yo tejí,
velloncito friolento,
¡duérmete apegado a mí!

La perdiz duerme en el trébol
escuchándole latir:
no te turben mis alientos,
¡duérmete apegado a mí!

Hierbecita temblorosa
asombrada de vivir,
no te sueltes de mi pecho:
¡duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo de dormir.
No resbales de mi brazo:
¡duérmete apegado a mí!

Meciendo

El mar sus millares de olas
mece, divino.
Oyendo a los mares amantes,
mezo a mi niño.

El viento errabundo en la noche
mece los trigos.
Oyendo a los vientos amantes,
mezo a mi niño.

Dios Padre sus miles de mundos
mece sin ruido.
Sintiendo su mano en la sombra
mezo a mi niño.

Gabriela Mistral

Alumbramiento


Oh henchido vientre, vientre luminoso,
la hora del mundo estalla;
abre las alas: suma claridad
rodea la granada.

Asoma, rayo de materna luna:
conoce el aire, mueve las entrañas;
manantial esperado, entrega el ronco
bramido: ciega lanza.

Oh bendita placenta nacarada.
Oh tempestuosa calma asiendo calma.
Oh hijo, desarraiga,
asoma, despiadado y escarlata.

Mármol, mármol que mana.
Piernas sangrientas: oh bullente escala.
Sube, hijo mío, hasta
que subida no haya.

Aviva, aviva, rasga
la telaraña, rasga;
hijo mío, raudal,
vendaval, trepa, asalta.

El cielo anhela contemplarte:
contempla el cielo cara a cara:
eres el día abriéndose en torrentes:
¡espuma!, ¡roca!, ¡jarcia!

Junta la herida con la herida,
junta la noche con el alba.
Hijo tendido hacia lo alto:
junta el pañal con la mortaja.

Oh jarcia, oh roca: arriba;
más arriba, campana;
más arriba, más arriba,
vendaval, trepa, asalta.

Quiero que encuentres a mi padre
como en encuentro de montañas:
el cielo anhela contemplarte:
contempla el cielo cara a cara.

Amado cuerpo de cansancio,
dolor amado, siembra amada,
funde en tus brazos a los que se han ido,
junta la noche con el alba.

Junta la herida con la herida,
junta mi carne con tu alma,
junta la herida con la herida,
contempla el cielo cara a cara.

Aviva, aviva, rasga
la telaraña, rasga;
hijo mío, raudal,
vendaval, trepa, asalta.

Oh henchido vientre, vientre luminoso,
la hora del mundo estalla;
asoma, rayo de materna luna:
conoce el aire, mueve las entrañas.

Abre las alas: suma claridad
rodea la granada.
Manantial esperado, entrega el ronco
bramido: ciega lanza.

Oh bendita placenta nacarada.
Oh tempestuosa calma asiendo calma.
Mármol, mármol que mana.
Piernas sangrientas: oh bullente escala.

Oh hijo, desarraiga,
asoma, despiadado y escarlata.
Sube, hijo mío, hasta
que subida no haya.

Manantial esperado, sube, sube,
abre las alas, sube, abre las alas,
asoma, rayo de materna luna:
conoce el aire, mueve las entrañas.

Oh henchido vientre, vientre luminoso,
la hora del mundo estalla;
abre las alas: suma claridad
rodea la granada.

David Rosenmann Taub

martes, 15 de enero de 2008

"AMOR MATERNAL"


ANTES DE CONOCERTE

TE SENTÍA EN MI VIENTRE

IMAGINABA TU CARITA,

TU PELITO, TU SEXO

TE SOÑABA...

RIENDO, CONVERSANDO Y CORRIENDO

JUGANDO

Y HACIÉNDOME MIL PREGUNTAS,

ESTABA TRANQUILA

ESTABA SEGURA

ESTABAS DENTRO DE MI.

Y LLEGO EL ESPERADO MOMENTO

NACERÍAS YA

CON MI MANO EN MI REGAZO

TE ANHELABA AÚN MÁS

Y ME DESPEDÍA DE TU VIDA DENTRO DE MÍ

NACISTE Y TE SEPARASTE DE MI

TE OLÍ, TE PALPE, TE TOQUÉ

MIRÉ TUS INOCENTES OJITOS

QUERIENDO TENERTE DENTRO OTRA VEZ

PARA PROTEGERTE Y CUIDARTE SIEMPRE

EMPEZASTE A BUSCAR COMO QUIEN SABE YA

LO TIBIO, LO SUAVE DE MI PECHO

PARA POSAR TUS LABIOS Y BEBER

DE UNA VEZ

EL HILO DE DULZOR

BLANCO, PURO Y LLENO

DE AMOR

QUE

NACE DE MÍ PARA TI

Y QUE NOS

UNE NUEVAMENTE

ESE MOMENTO TUYO Y MÍO

EN EL CUAL SILENCIOSAMENTE

CON NUESTRO CRUCE DE MIRADAS CÓMPLICES

NOS ENTREGAMOS TODO EL AMOR.



dedicada a mi hijos JHOSELYN, BASTIÁN, ALLISON E IAN

DE SU MAMÁ

FEDRA HENRÍQUEZ MORENO


ACRÓSTICO DAR DE MAMAR


DUERME, MI AMOR DUERME

ACUNADO AQUÍ EN MIS BRAZOS

RIENDO EN TU PAÍS DE MIL SUEÑOS.



DUERME, MI AMOR DUERME

ENTRE MIS PECHOS CÁLIDOS.



MIENTRAS TE MIRO Y

ADMIRO

MIENTRAS TE BESO LA FRENTE Y TE

AMAMANTO CON MI AMOR ETERNO VAS

ROBÁNDOTE MI CORAZÓN.



FEDRA HENRÍQUEZ MORENO

CON AMOR PARA MIS HIJOS: JHOSELYN, BASTIÁN, ALLISON E IAN

Espero reciban con agrado, mi nuevo aporte, que acabo de crear en honor a su página, que nos es tan útil a todos gracias FEDRA

Así que Pasen cinco años 1931


Las fuentes de leche blanca

mojan mis sedas de angustia

y un dolor blanco de abeja

cubre de rayos mi nuca

mi hijo, quiero a mi hijo

por mi falda lo dibujan

estas cintas que me estallan

de alegría en la cintura.



Nanas de cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.


Teorías
Arlequín


Teta roja del sol.
Teta azul de la luna.

Torso mitad coral,
mitad plata y penumbra.


La soltera en misa

Bajo el Moisés del incienso,
adormecida.

Ojos de toro te miraban.
Tu rosario llovía.

Con ese traje de profunda seda,
no te muevas, Virginia.

Da los negros melones de tus pechos
al rumor de la misa.


Miguel Hernández.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

De Parto


Se le hinchan los pies.
El cuarto mes
le pesa en el vientre
a esa muchacha en flor
por la que anduvo el amor
regalando simiente.

Si la viese usted
mirándose
feliz al espejo...
Palpándose el perfil
y trenzando mil
nombres en dos sexos.

A su manera,
floreció por primavera,
para dar gracias al sol
y perfumar la vereda.

A su piel de satén
le sienta bien
salir de paseo.
Salpicar niñez
en la dejadez
de su balanceo.

Si la viese usted
frente al café
jugando rayuela
al atardecer,
es que, a las cinco, su ayer
vuelve de la escuela.

Y a su manera
volvió al caballo y al carro,
al muñeco de cartón
y los pucheros de barro.

Si la viese usted
cantándose
canciones de cuna,
como un cascabel
que acunase un clavel
en un rayo de luna.

Corre Lagarto...
Pon otra cama en el cuarto.
A empapelarlo de azul
y en agosto de parto.

De parto...

Joan Manuel Serrat

Madre, llévame a la cama


Madre, llévame a la cama.

Madre, llévame a la cama,

que no me tengo de pie.

Ven, hijo, Dios te bendiga

y no te dejes caer.

No te vayas de mi lado,

cántame el cantar aquél,

me lo cantaba mi madre;

de mocita lo olvidé,

cuando te apreté a mis pechos

contigo lo recordé.

¿Qué dice el cantar, mi madre,

qué dice el cantar aquél?

No dice, hijo mío, reza

reza palabras de miel;

reza palabras de ensueño

que nada dicen sin él.

¿Estás aquí, madre mía?

Porque no te logro ver...

Estoy aquí, con tu sueño;

Duerme, hijo mío, con fe.

Miguel de Unamuno

lunes, 10 de diciembre de 2007

Amamantar


Amor en tus ojos

Miradas y sonrisas

Amor en tus brazos

Manos y caricias

Amor en tus labios

Nanas y besos

Ternura ofrecida

Amor en tus senos

Regalo de vida.

María Jesús Escudero Martín de Ave

Madre algo insegura


Diz que una joven madre algo insegura

(¿quién, siendo madre y joven, no lo estaba?)

a un médico pediatra consultaba

con fe que antes ponían en el cura.



"Nunca tomes en brazos la criatura

cuando llore, porque te hará su esclava;

ni en tu lecho la admitas, ¡más faltaba!,

que a los niños conviene mano dura."



La niña (tal prodigio nunca vieres)

exclamó: "¿Me prohíbe ir con mujeres?

Yo no fumo, ni bebo, ni he probado

las dulces golosinas de la infancia.

Mi vida entera es pura temperancia;

si me quita a mi madre, la he chingado."

Carlos González

lunes, 26 de noviembre de 2007

Madre sirena

Te digo al llegar, madre,
que tú eres como el mar; que aunque las olas
de tus años se cambien y se muden,
siempre es igual tu sitio
al paso de mi alma.

No es preciso medida
ni cálculo para el conocimiento
de ese cielo de tu alma;
el color, hora eterna,
la luz de tu poniente,
te señalan ¡Oh, madre! entre las olas,
conocida y eterna en su mudanza.

A mi madre

Generosa Oceanía de silencios
tu palabra de amor me levantó
más allá de mis plegarias de luz,
grabando en mármol azul, tu voz
que en mi boca crepuscular anidó
la esencia total de tus sentimientos.

La clara concepción de tus caminos
me lleva transparente por las sombras,
recojo el mensaje de la vida
que en el bautismo de mis días,
tus ojos grabaron en mi memoria.

Así, soy en ti, la poesía
tu sacrificio y tu dolor me marcaron
y forjaron en mí el concepto de la hombría
tus azules manos artesanas tallaron en mí
la verdad, el trabajo y el honor.

Día a día seguí tus lágrimas
y noche tras noche caminé tus oraciones;
te vi caer de las sombras del cansancio
cuando la noche rompía tu fortaleza,
y al segundo de tu entrega
vi alzarse tu estatura astral
en la galaxia de la vida y de la muerte.

Y hoy que soy un universo de luz,
y un huracán desmedido de ilusiones,
vivo la pasión y el amor
con la misma intensidad que has vivido tu dolor;
admiro tus batallas, madre mía;
como silueta dibujada en el océano azul
con la presencia inconfundible de la luz.

Soy en ti la prolongación rumorosa de tus sueños
y la voz universal de seis corazones invisibles,
que hacen presente el homenaje de amor
en el reino silencioso de tu entrega total.



~ Alejandro Latorre Quintanilla ~

lunes, 12 de noviembre de 2007

Mis pechos te preparaban


Mis pechos te preparaban

Calentita y dulce

Esa leche tan rica

Que tanto esperabas



Y al calor de mi regazo

Abrazaditos los dos

Mamando la dulce leche

Nos llenamos de amor



Te he visto crecer feliz

Te he visto sonreír

Te he visto decir al mundo

La leche de mi madre es la me hace sentirme así



Tú mi amor tienes la sabiduría

Tú corazón, has mamado salud para toda tu vida

Tu fuerza, tu vitalidad y tu alegría

Son la prueba, la verdad y tus señas de identidad



Pronto este mundo ciego te mirará

Pronto sus oídos sordos te escucharán

Pronto se dará cuenta de nuestra felicidad

Y la misma leche que tú has mamado querrá tomar



No es preciso invertir dinero

la leche de la vida la llevamos dentro

solo es preciso invertir mucho amor

amor por las mujeres, amor por la infancia

y amor a la humanidad.


Trini Jiménez
Amagintza

Mágico momento

Cuando me extiendes tus brazos,
cuando en los míos te estrecho,
cuando me miras con ansia,
esperando tu alimento.

Cuando a los ojos te miro,
cuando tu me miras tierno,
cuando tu mano acaricia,
agradecido mi seno.

Cuando feliz me sonríes,
lleno de paz y sosiego,
cuando te duermes tranquilo,
porque ya te sientes pleno.

Cuando en uno nos fundimos,
cuando tan cerca te siento,
el mundo desaparece,
en un mágico momento.


J. Margarita Otero Solloso

lunes, 5 de noviembre de 2007

Parto de lágrima y esperanza.

Hijo, desgarro del latido hiriente,
tu carne de mi carne, en lejanía,
martiriza los surcos de mi mente,
me anega de mortal melancolía,
voz de la sangre ardiente,
triste canto de cisne en agonía.

Te asola, te enloquece
la fuerte tramontana
y tu blanca paloma desfallece
en la afásica torre sin campana,
mientras en mi anochece
tras el roto cristal de tu ventana.

Duelo de amor y muerte,
entraña maternal que te reclama,
cascada carmesí que mana inerte,
pulso vital que en río se derrama,
líquida cuna que en el mar se vierte,
sangre fogosa que tu ausencia inflama.

Mi cálida nostalgia se hace llanto;
la dura y fría escarcha de mis ojos
resbala hasta mis pechos, y amamanto
los míseros despojos
de tu pueril encanto,
y se sublima en mis carbones rojos.

Soy un grito animal de arteria rota,
matriz de la orfandad,
tu fontana esencial de la que brota
un cieno condenado a sequedad.
¿Te harás risueña espuma en la remota
playa de la verdad?

Parto de beso, lágrima y quejido,
parto de beatífica esperanza,
parto de tu mirar amanecido,
imagen, semejanza,
de un Dios enamorado y conmovido
que, por su noble alianza,
dará a tu rumbo idílico sentido

Emma Margarita Valdés