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lunes, 23 de marzo de 2009

Adictos al sexo




En un estudio reciente sobre la adicción sexual, Patricia Matey comenzaba diciendo: “La adicción al sexo es una de las dependencias menos confesadas y visibles de todas las que existen. No obstante, ha aumentado el número de pacientes que pide ayuda debido a las consecuencias de su trastorno: ruina económica, matrimonios rotos, problemas laborales, ansiedad y depresión”.

Los expertos señalan que este trastorno no es nuevo, aunque solo recientemente ha sido reconocido como un serio problema social, con consecuencias semejantes a las de otras adicciones más conocidas, como el alcohol, las drogas o la ludopatía.

A diferencia de otras adicciones –señala José Ramón Ayllón–, la dependencia sexual puede adoptar múltiples formas: desde la masturbación compulsiva a los abusos sexuales, pasando por relaciones con múltiples parejas heterosexuales u homosexuales, encuentros con personas desconocidas, recurso continuo a la pornografía, prostitución o líneas eróticas, exhibicionismo, pedofilia, turismo sexual, etc.

El comportamiento compulsivo sexual se gesta, en la mayoría de los casos, en la mente, donde las fantasías sexuales y los pensamientos eróticos se convierten en engañosas válvulas de escape de los problemas laborales, las relaciones rotas, la baja autoestima o la insatisfacción personal.

Los adictos al sexo son hábiles en el disimulo, porque su problema les avergüenza. Pero, con frecuencia, su dependencia se acaba sabiendo. “Algunos acuden a la consulta –explica Roselló Barberá– cuando las facturas del teléfono de líneas eróticas o los contactos con prostitutas les han arruinado económicamente o su cónyuge les ha descubierto. Otros deciden pedir ayuda porque quieren poner fin a una adicción que está haciendo naufragar su matrimonio, les ha causado problemas legales o les está empujando al suicidio. O porque su dependencia les lleva a hacer cosas que nunca hubieran imaginado, y eso les causa un sufrimiento insoportable.”



Siempre alguien paga por ello

La incontinencia sexual suele traer, después de los primeros momentos de goce, una pesada impresión de insatisfacción, de error, de disgusto. Sabes que has hecho algo indebido. Es fácil que te sientas descontento, culpable, degradado. Después, con el tiempo, quizá llegues a racionalizarlo de alguna manera y consigas olvidarlo, o considerarlo normal, o incluso positivo, pues cuando el pecado se convierte en hábito, su dependencia dificulta cada vez más discernir lo bueno y lo malo. Cuando se antepone el placer a la responsabilidad, siempre hay un precio que pagar. Los que creen poder conseguir lo uno y lo otro se dejan engañar con demasiada facilidad.

La obsesión por la satisfacción de los propios deseos ciega a quien la sufre. Impide ver el efecto perjudicial que ese comportamiento tiene sobre los demás. Pero alguien, en algún momento, tendrá que pagar por esas claudicaciones. Puede que sea una persona con cuyos sentimientos más íntimos has jugado; o una criatura aún no nacida que acabará sus días en un cubo de basura, condenada porque fue el resultado de un “error”; o un matrimonio, y quizá unos hijos, destrozados por una relación adúltera frívola y absurda. Un egoísmo disfrazado de amor que ha roto un compromiso, ha allanado los derechos de otro, o ha convertido a unos niños en víctimas inocentes.

Siempre hay alguien que paga por ello. Entre otras cosas, porque quien nunca falta en esa cadena de quebrantos es uno mismo. Tolstoi aseguraba que el hombre que ha conocido a varias mujeres para solo su placer, ya no es un hombre normal, sino alguien que difícilmente dejará de ver a la mujer como a un objeto. Será un hombre que necesitará, para volver a ser normal, todo un proceso de rehabilitación. Un hombre que pagará un alto precio por haberse dejado seducir por esa máscara del amor.


Una sensación de inquietud

Hay que ser generoso, preocuparse de los demás, o acordarse de los pobres, la mayoría de la gente lo escucha con aire distraído. Pocos se sienten interpelados.

Sin embargo, sorprendentemente, cuando la Iglesia habla sobre la castidad, muchos se rasgan las vestiduras y dicen que es una especie de represión absurda e intolerable, un resto de antiguos puritanismos y anacronismos ridículos.

—¿Y por qué crees que hay una reacción tan diferente ante unos temas y otros?

No lo sé. algunas Iglesias se limita a hablar, no les está forzando a nada. Pero se ve que ante este tema experimentan una profunda inquietud. Quizá haya algo de mala conciencia, si reaccionan de modo tan crispado y vehemente.



Los engaños más habituales

—Muchos dicen que nadie puede dictarles lo que tienen que hacer con su sexualidad. Que para ellos “vale todo”.

Desde luego, yo no voy a dictarles nada. Pero me parece que ese modo de hablar es una forma un poco tosca de eludir la realidad moral.

En cualquier análisis sobre lo que debe o no hacerse, decir que “vale todo”, es como decir que nada vale, pues, al hablar así, todo diálogo y todo uso de la inteligencia pierden su sentido. No parece un buen enfoque para hablar de valores ni para llevar una vida razonable.

De todas formas, pienso que es una actitud que, como todas, hay que procurar comprender. No creo que haya que responder a esas personas con prepotencia ni menosprecio, pues todos esos planteamientos suelen responder a una crisis personal que cuesta superar, y lo más sensato es manifestar una comprensión sincera, y no enfrentarse sino ofrecer ayuda.

Como ha escrito Carmen Martín Gaite, para muchos el sexo es “un intento de remediar el aislamiento personal, pero que solo lo proyectan fuera de sí. Y aunque, en el mejor de los casos, pueda coincidir con la proyección fuera de sí que desencadena el aislamiento del otro, siempre se tratará de individuos que, si comparten algo, es un estado de crisis. La crisis más intensa que se pueda imaginar, pero al mismo tiempo la más insignificante. Lo mismo que las olas: perseguirse, gozar y luego deshacerse por separado”.

Esas personas deberían comprender que desentenderse de la ley moral acaba tarde o temprano en serios disgustos. Así queda reflejado con brillantez, por poner un ejemplo, en la película “Infiel”, de Liv Ullmann, que aborda con cierta profundidad el drama del adulterio. Cuando dos personas inician una relación adúltera, piensan quizá que es como un juego para adultos. Los principios morales desaparecen. Amémonos al límite, seamos felices juntos, olvidémonos de qué es bueno y qué es malo, que no pasa nada.

Sin embargo, tarde o temprano descubren que no da igual olvidarse de la naturaleza y de sus leyes. Querían hacer como que eran dioses que se dan a sí mismos su naturaleza y sus leyes, y no tardan mucho en comprobar que se han mentido a sí mismos, y sobreviene entonces la consiguiente tragedia. Querían jugar a que no había principios morales, y súbitamente aquella simulación y aquel fingimiento se desmoronan.

Lo que era un matrimonio unido, una hija feliz, un buen amigo, acaba todo deshecho por la irreflexión, por el egoísmo de la sensualidad que ciega y lleva a la irresponsabilidad, e incluso a la crueldad, a destrozarlo todo. Las víctimas son ellos mismos, sus familias, esa niña que ha sido utilizada en el juego de adultos, arrollada por un torbellino emocional que desgarra su vida, sin entender bien cuál es su papel en esa historia de deslealtades.

—Pero los modelos de castidad que muchas veces se nos han presentado suenan a rigorismo, a represión, a algo antiguo...

En cuanto a lo de antiguo, habría que decir que el relajamiento en la conducta sexual es mucho más antiguo. La laxitud de costumbres en estos temas está presente desde épocas muy primitivas, como bien atestigua la historia.

En cuanto a los viejos y necios rigorismos, estoy de acuerdo en que conviene romper con las visiones timoratas o encogidas de la sexualidad, pero no sería sensato invocar esos errores para justificar otros. No se trata de defender antiguos puritanismos, ni de volver a la época victoriana, ni a la Edad Media. Se trata de caminar hacia la verdad sobre el hombre.

—Otras veces lo que piensas es que todas esas ideas que dices son muy bonitas, estupendas, pero demasiado difíciles, y que lo realista es aprovechar un poco los pocos placeres de que hoy se puede disfrutar...

Ese señuelo que describes se ha presentado siempre ante el hombre, y no solo para seducirle por los placeres del sexo sino por otros muchos caminos. Son razonamientos muy parecidos a los que se hace quien cae en las redes de la mentira, el alcohol, el juego, o la comisión ilegal.

Todas las deslealtades y todas las infidelidades suelen empezar poco a poco, con pequeños hábitos, sin movimientos ni quiebras violentas, sin derrumbamientos repentinos..., pero cuando uno se quiere dar cuenta está enganchado. Son –en palabras de Robert McCammon– “monstruos horribles que se cuelan en las casas, retorcidos y sonrientes detrás de la cara de un ser querido”.

Por eso, en los momentos de tentación hay que levantar un poco la mirada hacia el tipo de persona que uno quiere ser, hacia la necesidad de alcanzar un dominio sobre los propios instintos para así fortalecer la propia afectividad y ser una persona honesta.

—Sí, pero cuando estás en esas tesituras no sueles querer pensar mucho en el futuro, piensas sobre todo en el presente...

Es cierto, y ese es casi siempre el juego dialéctico de cualquier tentación. Su principal empeño es impedir que pienses en el futuro. Su triunfo es conseguir que pienses solo en ese placer cercano, de ese momento. Su gran logro es..., en definitiva, que no quieras pensar. Pero bien sabemos que la calidad de una persona se muestra, entre otras cosas, en que es también capaz de pensar con sensatez cuando la tentación arrecia.

O que, al menos, es capaz de darse cuenta de que las cosas no son como las ve cuando está bajo el hechizo de la tentación, sino que son como las veía cuando pensaba con lucidez.

lunes, 25 de febrero de 2008

las relaciones pre-matrimoniales.


¿Porque está mal la entrega sexual antes del sacramento del matrimonio si el Señor es amor y tal vez en ese momento dos personas se aman infinitamente y se entregan totalmente uno al otro, respetándose, aceptándose y demás, y considerando que no es para nada lujurioso, ni tampoco un desequilibrio buscando solo el placer egoísta?

No entiendo porque tengo que estar en enemistad con Jesús y no poder comulgar solo por HACER EL AMOR con el ser que mas AMO en este planeta, si Dios lo que enseña es AMOR y es justamente la mas grande manifestación de amor que se podría llegar a mostrar entre 2 personas?

Le ruego que publique su respuesta en la pagina, porque de ese modo se lo aseguro que no solo a mi me va a aclarar dudas sino a muchísima gente. Por lo menos en los medios que yo me muevo.

Nuevamente gracias, espero su respuesta.

Querido amigo: Rspta

Ciertamente el Señor es amor. Pero no confundas el amor de Dios con el deseo que tienes por tu novia. No dudo que entre ustedes haya amor. Pero ese amor NO ES perfecto ni mucho menos "infinito".

Dios quiere que se amen pero para lograrlo hace falta que sepan lo que es el amor. El amor sexual NO es "la mas grande manifestación de amor que se podría llegar a mostrar entre 2 personas". Mas bien el mayor amor es el que se niega a si mismo por el bien del otro, es el amor de la cruz. No se entiende el amor hasta que abrimos el corazón a Cristo. Hay que ir mucho mas allá de nuestros deseos y apetitos. Entonces descubrimos que el amor no se "hace", como si se tratara solo de un acto biológico. El amor auténtico manifiesta la presencia de Dios y por lo tanto está ordenado según su santa voluntad. Nosotros no hacemos el amor sino que lo compartimos con otros a la medida que hayamos entregado nuestro corazón y voluntad a Dios, amándolo sobre todas las criaturas y sobre todas las cosas.

Hay que aprender amar. Confundimos el amor con los deseos carnales que proceden de la concupiscencia. Es por eso que Jesús vino al mundo y nos enseñó a amar muriendo por nosotros en la Cruz. La humildad requiere que reconozcamos nuestro pecado y nuestras tendencias y recurramos a Dios con humildad para que el nos enseñe y capacite a amar con el amor de la cruz.


CONCUPISCENCIA

Etim: Latín, con- plenamente, cupere, desear. Concupiscentia, deseo, ambición.


¿Como conocer el buen uso de la sexualidad?
Lo podemos entender por medio de la razón cuando esta no está cegada por la pasión. Podemos entender entonces que la intimidad sexual vincula al hombre y la mujer en una unión total de amor que, de ser honesta, exige fidelidad, entrega total de si mismo y compromiso permanente. Además, el acto sexual está naturalmente vinculado con la procreación. Esto requiere que se haya formado YA un hogar permanente en el que el niño pueda crecer con mamá y papá. Todo esto requiere de la pareja un compromiso ya establecido. A ese compromiso le llamamos matrimonio. Podemos deducir que si la pareja no tiene tal compromiso matrimonial YA hecho, no debe expresarse como si lo tuviera.

Dicho de otra forma, la intimidad sexual es un lenguaje que expresa el amor conyugal, el amor de esposos. Expresa total entrega, pertenencia y apertura a tener hijos de los que se han comprometido definitivamente el uno al otro. Esto es precisamente lo que significa estar casados. Este amor se fundamenta en la alianza matrimonial. Los novios quisieran un día tener este compromiso pero de hecho no lo han realizado todavía. Si entrasen en relaciones íntimas antes de casarse su lenguaje de amor sería una mentira.

Nos dice el catecismo: "El amor humano no tolera la "prueba". Exige un don total y definitivo de las personas entre sí." (Ver: "amor de prueba")

Pero la razón fácilmente se ciega y confundimos el amor con las pasiones.
La razón puede se puede confundir ante una combinación de fuerzas: la concupiscencia de la carne, la cultura hedonista en que vivimos y la falta de crianza y formación en el amor verdadero. El uso de la intimidad sexual fuera del matrimonio puede traer una aparente felicidad temporal pero hace daña gravemente a la pareja.

Dios nos guía en la verdad y en el amor por medio de Su Palabra la cual la Iglesia nos enseña. Los actos sexuales fuera del matrimonio (fornicación) son fuertemente condenados:

La fornicación, y toda impureza o codicia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos. -Efesios 5,3. (Mas textos bíblicos sobre la fornicación>>>)

Aunque no entendamos los mandatos de Dios, debemos obedecer con toda confianza y respeto. Dios no impone leyes para hacernos la vida mas difícil, sino porque nos conoce y quiere nuestra felicidad. La sexualidad debe estar siempre bajo la autoridad de nuestra voluntad y nuestra voluntad bajo la autoridad de Dios. El amor respeta a Dios y al amado.

Si eres fiel, Dios te va a dar el don de un amor mas puro, mas perfecto, pero cuesta. Yo llevo años de sacerdote y soy testigo de que hay una gran crisis en los matrimonios. ¿Sabes por que? porque no se preparan bien, no saben respetar el orden de Dios. Pensaron que se amaban y que eso era suficiente. Pero no. No se amaban suficiente. El amor solo crecerá con el sacrificio y el dominio de si mismo. Si tu eres incapaz ahora de dominarte y respetar a tu novia como una hija de Dios que aun no te pertenece, te aseguro que cuando te cases tampoco serás capaz de serle fiel año tras año. La lujuria no controlada ahora seguirá dominándote para tu propia ruina... y la de ella. ¿Ves cuanto te ama Dios?

Durante el noviazgo aprenderán a expresar el amor puro de mil maneras sin entrar en la intimidad sexual. Dios da otros regalos para este tiempo. Uno de ellos es la ilusión por el futuro, el planear, el soñar en la vida común. Pero el noviazgo también es una escuela en madurez, auto-control y capacidad de sacrificio por el bien del otro. Para amar es absolutamente necesario tener dominio de si mismo. Hay tanto que Dios necesita sanar y corregir antes de que se casen. Ahora es el tiempo de trabajar en ello. Dios te enseñará que el amor puede esperar porque es paciente y sacrificado. Se están entrenando para juntos poder hacerle frente a las dificultades de la vida (que son muchas). Se están conociendo y aun están libres para decidir no casarse. Todo esto requiere vivir en castidad.

Es normal que sientan atracción física, pero debes entender que esta es una oportunidad para morirte a ti mismo, dominar tu pasión y así demostrar que de verdad amas. Dar rienda suelta a la pasión no requiere ningún amor. Al contrario, solo quien es capaz de dominarse ama. Esto va a requerir lucha interior. Si ahora eres incapaz de dominarte y expresar un amor casto a tu novia, siento decirte que no la amas mucho. Mas bien la deseas carnalmente. No confundas el deseo carnal con el amor. El amor es mucho, mucho mas que ese deseo carnal. Cálmate, piensa, reza y veras la verdad de esto. Con la ayuda de Dios aprenderás a dominar la carne y crecer en virtud. Cuesta, sí. Pero el amor auténtico lo requiere. Confía en Dios y veras lo que es el verdadero amor.

Cuando te parezca difícil, deja de pensar en ti y piensa que amar requiere entrenamiento y sacrificio. ¿No se sacrifican los atletas? Pues tu novia vale mucho mas que un partido de fútbol.

En breve, la respuesta es:
Buscar en tu novia la satisfacción sexual es pecado aunque creas que la amas. Demostraría que en realidad no la amas. Debes esperar el tiempo del Señor y mientras tanto permitir que El te enseñe a amar según su infinita sabiduría.

El no te abandonará. No tengas miedo de ser cristiano en un mundo en que muchos se han olvidado de Dios. Vive tu fe junto a otros católicos practicantes, recibe frecuentemente los sacramentos y medita la Palabra de Dios. El te dará la fuerza y veras como el amor entre tu y tu novia se irá cada vez haciendo mas profundo.

Padre Jordi Rivero

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El libertinaje sexual



Con frecuencia se oyen hoy ideas sobre sexualidad tendenciosas y corruptoras que pretenden «mentalizar» a la gente para llevarlas al libertinaje sexual que es el negocio de los pornócratas. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, define la pornografía como la «comercialización del sexo».

No decimos que el sexo sea pecado, si se usa correctamente; lo que no es lícito es ese consumo de sexo que han montado los pornócratas, para hacer su negocio, con revistas, libros y películas en las que se hace del sexo un vicio. A fuerza de verlo en el cine muchos jóvenes juegan a hacer el amor, como los niños juegan a los indios. Pero la sexualidad es una cosa muy seria; no es para jugar.

Al goce desordenado del placer sexual se llama lujuria.«Proclamar la absoluta libertad sexual puede parecer progresista pero de hecho se opone a los resultados de la mejor investigación contemporánea. Y el que se enfrenta a la investigación no es realista, es un iluso que pretende tal vez seducir, pero no convencer», 1 ¡y menos ayudar!

Dice San Agustín: «Ama y haz lo que quieras». Algunos han sacado de aquí su libertad sexual, como si lo que se hace por amor no fuera nunca pecado. «Pero lo que San Agustín quería decir es que el que ama verdaderamente hará el bien sin tener que consultar la ley».

Los medios de comunicación presentan con frecuencia comportamientos sexuales como «normales» en el sentido de «no patológicos»; pero esto no significa que sean morales, conforme a los principios de la Iglesia.

Hoy se prodiga hacer el coito a nivel de camaradería. Se habla mucho de «hacer el amor», pero esta frase es falsa; el amor no se «hace», se da. Las cosas se hacen. El amor se tiene.
El amor brota de la mutua estima entre dos personas. Por eso «estamos asistiendo a una verdadera crisis del amor».

Es notable el fracaso de las comunas de sexo libre. Por querer disfrutar de la vida, lo que se hace es incapacitarse para el amor, que es la única felicidad de la vida. Las prostitutas, que viven del sexo sin amor, son un claro ejemplo de que sin amor no es posible la felicidad. Se las llama Esclavas del siglo XX, La esclavitud de la mujer. Son títulos de libros que tratan de la prostitución. Las prostitutas usan del sexo a tope. Alguna recibe treinta hombres en una noche. Pero eso no las hace felices.

Una ninfomaníaca escribe: «Con todos los hombres que he conocido me he prestado a acostarme con ellos. Tengo una aventura tras otra. Ésta es la historia de mi vida, y la odio con toda mi alma».

Reducir el amor a sensaciones placenteras es degradarlo. El amor tiene una vertiente espiritual que es superior a todas las técnicas de manipulación de los órganos. El amor es una fuente de ternura, mientras que el cuerpo lo más que da es el estremecimiento de un orgasmo.
Encuestas realizadas por un médico demuestran que muchos jóvenes hacen el coito para poder demostrar su masculinidad; y ellas, porque lo hacen otras. Es decir, que hoy muchos se avergüenzan de su pureza y alardean de su libertinaje sexual.

Incluso hay quienes llaman civilizada y madura a la persona que rompe moldes morales, para vivir según le apetece. Me parece una falsedad.
Es mucho más civilizada y madura la persona que tiene dominio propio, y sabe mantener su comportamiento dentro de una rectitud moral.
Llamar represión atávica a la rectitud moral es querer poner una etiqueta peyorativa a valores que no se quieren reconocer.
Pero las joyas que valen, no pierden valor porque haya personas que no saben apreciarlas.
«La madurez se muestra plenamente cuando no elegimos aquello que satisface nuestras apetencias del momento, sino que permite conseguir el ideal que hemos asumido como meta de nuestra vida».

«Vivimos una sociedad erotizada. El sexo se ha convertido en un bien de consumo. Se vive el sexo sin amor. El resultado es un hastío que desemboca en un especial vacío interior».
Oswald Spengler acusa a los jóvenes que «hacen del erotismo un deporte»

«La sociedad necesita la erradicación de vicios y la siembra de virtudes. Pero parece que no es así. La sexualidad desbordada es insaciable: cada vez quiere más, cada vez quiere experimentar cosas nuevas, hasta llegar a las aberraciones más indignantes, como podemos ver por las noticias diarias de delitos de prostitución de menores, de crímenes sádicos, de bestialidades de abusos y lesiones masoquistas, etc.» La oleada de pornografía está convirtiendo a muchos en auténticos maníacos sexuales, ávidos de toda clase de anormalidades y perversiones sexuales. Afirman los sexólogos que la sexualidad sin amor llena el alma de vacío.
A veces se busca el placer en la agresividad y en las violaciones; pues la degradación que produce el abuso lleva a la impotencia y frigidez sexual.

El ambiente erotizado que nos ha tocado vivir, hace suponer que el ejercicio del sexo es la mayor felicidad del mundo, y después resulta que no es así; pues las sensaciones de tipo físico carnal dan menos que la felicidad espiritual.
Dicen los sexólogos: «La actividad sexual no es lo más importante en la vida» 8 Por mucho sexo que viva una mujer, cuando encuentra a otra que vive el amor, siente una enorme envidia, pues echa de menos lo que el sexo solo no puede darle.

«Ha sido V.Frankl el que ha venido a explicar, contra lo que decía su maestro Freud, que la dimensión más importante del hombre no es el sexo, sino el sentido religioso, transcendente, la posibilidad de poseer un sentido último que dé razón de todo lo que hacemos. Cuando el hombre carece de este sentido que le hace capaz de vencer el dolor y de superar la muerte, enferma. Y es así como la enfermedad típica de nuestro tiempo es la angustia. Angustia que surge de la pérdida del sentido transcendente. Y es profundo lo que afirma V. Frankl de la felicidad: “La felicidad no se puede buscar nunca directamente, sólo puede venir como consecuencia de haber dado lo mejor de nosotros mismos a una causa noble, capaz de superar la limitación, el desánimo y la muerte, a una causa transcendente”».
«Freud peca de reduccionismo y de simplismo al entender al hombre exclusivamente desde el sexo. En el hombre hay instintos aún más fuertes que el sexual, como es el de la conservación del individuo, por no citar la capacidad de sacrificio que ha llevado a muchos a entregar la propia vida en aras de ideales diversos. Además, la necesidad de belleza, de bondad, de justicia, y de verdad que hay en el hombre no se justifica por el sexo».

Éste es el problema del hombre de hoy, que vive más que nunca sin raíces, sin valores que le lleven más allá de sí mismo.
Es cierto que toda acción humana tiene que tener la prerrogativa de la libertad, pero el hombre de hoy ha hecho de la libertad, que es un instrumento, un fin de sí misma; y, de este modo, está ya experimentando algo sabido desde siempre: que la libertad no libera, libera la verdad.

Hay quienes en nombre de la libertad quieren desasirse de toda clase de trabas. Para ellos es aleccionadora la inscripción debajo de un dibujo en la Abadía de Pannonhalma donde representa un barril de vino sin anillos de hierro, y el vino saliendo por las rendijas. El letrero ponía: «Se perdió por la libertad».

«La prensa nacional y extranjera viene haciéndose eco últimamente de la atmósfera de erotismo y del ambiente sexualizado que nos está obligando a respirar la moderna civilización, que presume de haber enterrado mitos, y que prometía librar al hombre de las neurosis y obsesiones de ciertas represiones ciegas y voluntaristas, que querían hacer del hombre un ser angélico.
»Pero en vez de liberar al hombre, su fragilidad ha quedado sometida al asedio omnipresente de cuanto dice relación con el sexo y se le está dejando indefenso en la lucha por integrar el instinto sexual y ponerlo al servicio de la vida y del auténtico amor. La iniciación sexual que necesitan nuestros jóvenes nada tiene que ver con la enciclopédica ilustración de todos los abusos y perversiones sexuales, con la ola de erotismo, con las escenas íntimas de alcoba, ni con los supermercados del amor».
«Bajo el hipócrita lema de la “liberación de tabúes” se está produciendo, a escala mundial, una desconcertante exaltación del nudismo, del naturalismo y de la obscenidad que lo invade todo, originando una escandalosa quiebra de la moralidad pública y privada.
»Vamos, si no se pone remedio a tiempo, hacia un pansexualismo degradante de la naturaleza humana.
»Y lo peor es que apenas si hay reacción social contra la agresiones morales que por doquier se dan contra la limpieza de costumbres, como si una general abdicación del sentido natural y cristiano de lo lícito prevaleciera incluso entre personas e instituciones que deberían velar activamente por la moral pública.
»La pasividad ante la progresión de iniciativas eróticas y pornográficas acusa una general dimisión de derechos y deberes frente a un estado de cosas cada vez más deprimente».

De todo esto resultan casos como el de aquella muchacha que se quedó embarazada, y no podía saber quién era el padre de la criatura porque aquel mes se había entregado a tres muchachos distintos. Triste situación, pero lógica consecuencia para una muchacha que no tenía «escrúpulos anticuados» y no se negaba nada de lo que le apetecía.
Estas cosas pasan cuando no se respeta la moral.
O aquel otro caso de un jovenzuelo que fue a estrenar su vida sexual con una «señora», y después se enteró que era la madre de su mejor amigo.
O aquel caso en que dos enamorados descubren que no pueden casarse porque resulta que, sin saberlo, son hermanos: el padre de él se acostó con la madre de ella.
O la de aquel muchacho que se acostaba con todas sus amigas, y el día que se enamoró de verdad recibió un enorme mazazo moral, que le dejó destrozado, al enterarse que su padre se había acostado antes con la muchacha que él amaba.
O aquel otro caso de una mujer que sedujo al novio de su hija, y al encontrarlos ésta a los dos en la cama se fue de su casa para siempre. La madre perdió para siempre a su hija y al galán.

Esto es lo que ocurre cuando el libertinaje sexual se salta las barreras de la moral católica. Si Dios manda castidad a la juventud y fidelidad a los matrimonios, no es por el gusto de molestarnos, sino porque eso es necesario para la felicidad del hogar. ¿Cómo un hombre va a ir con ilusión al matrimonio sabiendo que la que va a ser su esposa ha pertenecido antes totalmente a cuantos lo han deseado? Es lógico que esos matrimonios acaben en divorcio. ¿Cómo va un hombre a amar a sus hijos, si no puede saber si esos hijos son suyos o de cualquiera de los que han «estado» con su mujer? Ni amor de esposa, ni amor de hijos.
Es que en una sociedad en que la juventud no es casta y el matrimonio no guarda fidelidad, se ha matado el amor del hogar que es la suprema de las felicidades naturales que Dios ha puesto en esta vida
La libertad sexual de la juventud está atrofiando su sexualidad.

Tanta sexualidad está disminuyendo la capacidad de respuesta sexual y el impulso sexual cada vez necesita mayores estímulos por aumentar cada vez más la impotencia.

Así lo afirma el Dr. López Ibor.
Por eso cada vez son más los jóvenes que acuden al médico con problemas de impotencia sexual, como se dijo en una entrevista en Radio Nacional de España.
Y es que Dios ha hecho la sexualidad para que esté al servicio del amor en el matrimonio. Pero quienes hacen de la sexualidad un vicio, es lógico que la destrocen.
En la revista de medicina JANO, se afirma que muchas disfunciones sexuales e impotencias masculinas se deben a experiencias sexuales precoces y premaritales. 16

«Algunos reducen el amor a la “mecánica” de la genitalidad. Es una aberración. La satisfacción fisiológica de unos órganos nada tiene que ver con el amor, que es de la persona entera, incluyendo el alma espiritual. La trivialización de la sexualidad en la juventud está dando orígenes a muchos matrimonios jóvenes ya hastiados de genitalidad, precisamente cuando lo lógico es que estuvieran viviendo la cumbre de su ilusión amorosa.
»El libertinaje sexual de la juventud está dando origen a un aumento de la impotencia y de la frigidez.
»Hay “maestros” de sexología que cifran todo el éxito de la pareja en que el sexo “funcione” bien. Tienen una visión de la pareja unidimensional. Lo reducen todo a lo meramente biológico-zoológico. El hombre es mucho más que un animal. El hombre puede amar, puede comunicar ideas e ideales, puede sentir una armonía espiritual; y todo esto le lleva a una plenitud gratificante.
»La felicidad humana es mucho más que un mero placer sensitivo. Entender la sexualidad sin amor, sólo como un “instinto básico” es animalizar al hombre.
»El libertinaje sexual con el que muchos han querido superar lo que ellos llaman tabúes y represiones arcaicas, sólo ha conseguido animalizar la sexualidad humana, separándola del amor y por lo tanto, privándola de la felicidad.

»Afirman los sexólogos que la sexualidad sin amor llena el alma de vacío, y a veces necesita el placer de la agresividad (violaciones), unida a las más diversas formas de impotencia y frigidez sexuales.
Por eso, hoy, muchos sexólogos modernos opinan que hay que volver al restablecimiento de los llamados “tabúes sexuales”».


El hombre debe hacer de la sexualidad un lenguaje de amor. La sexualidad sin amor es propia de los animales.

Hoy hay quienes se ríen de las cautelas de la moral sexual y presumen de ser muy «modernos» defendiendo más libertad sexual.
Las consecuencias ya están asustando a las personas conscientes.
El libertinaje sexual tiene consecuencias lamentables, como son las violaciones y las madres adolescentes.
En 1983 en Nueva York, uno de cada tres nacimientos fue extramatrimonial.
En Estados Unidos quedan embarazadas al año más de un millón de «quinceañeras». 18
John Hamilton considerado como uno de los sociólogos más acreditados de Estados Unidos, en un estudio sobre los problemas sexuales de la juventud, dice que en 1976 quedaron embarazadas 750.000 muchachas menores de 17 años. La mayoría no sabía quién era el padre de la criatura. Muy pocas se casan después. Los matrimonios entre adolescentes casi siempre fracasan.

Éste es el resultado de la liberación sexual y el olvido de las normas morales de la Iglesia. El sexo es una cosa muy seria. No es para jugar. Tanto embarazo irresponsable es para pensar. Traer hijos al mundo no puede ser el resultado de un juego. Tomar «precauciones» no basta. La prueba está en tanto embarazo no deseado. La única solución es la moral de la Iglesia.

«La persona tiene derecho a recibir una información y una educación que respeten las dimensiones morales y espirituales de la vida humana».

Hoy está de moda la filosofía del placer sin riesgo: sin riesgo de SIDA, sin riesgo de embarazo. Esto, además de rebajar el sexo, que no es sólo para el placer, es causa de muchísimos fracasos: como enfermos de SIDA que usaron preservativos, y embarazos no deseados, a pesar de usar anticonceptivos.
Las autoridades de Puerto Rico están alarmadas y buscan solución al número de madres adolescentes. Según las estadísticas suministradas por el Departamento de Salud, en 1986 hubo mil madres de doce a quince años, en un población de tres millones de habitantes.

En España quedan embarazadas 20.000 adolescentes al año.

En España es cada vez mayor el número de adolescentes embarazadas. Así se afirmó en el XIX Congreso Nacional de la Asociación Española de Ginecología. En los últimos diez años, en España, ha aumentado en el 500% el número de adolescentes solteras embarazadas.

Últimamente crece en España el número de adolescentes afectados por enfermedades venéreas de transmisión sexual. 24 Hoy en España se han duplicado las enfermedades de transmisión sexual. 25 Últimamente empieza a preocupar un cáncer de transmisión sexual llamado HPV por sus siglas en inglés.

Esta degradación sexual de la juventud española es debida a la campaña llevada a cabo por el gobierno socialista fomentando el libertinaje sexual para pervertir a la juventud y apartarla de la Iglesia.
«La forma de tratar el problema sexual en los medios de comunicación estatal y en ciertos escritos publicados por la Administración Socialista indica que no se intenta sólo informar sobre sexualidad, sino incitar a la práctica de relaciones eróticas».

«En folletos sobre información sexual publicados por ciertas Autonomías, e incluso por el Ministerio socialista de Sanidad, se orienta a los niños y jóvenes al ejercicio de una sexualidad que tiene por fin obtener un goce sensible. Y esto se presenta como una liberación frente a generaciones anteriores reprimidas por normas morales. De estos folletos son estas frases: “no hay nada que sea anormal, si os gusta”, ”tienes derecho a disfrutar de tu cuerpo”, “aceptar que te atraen las personas de tu mismo sexo no es delito, es un derecho de cada uno”. Cuesta trabajo pensar que esto lo hagan personas que son responsables del gobierno de un pueblo». 28
El célebre psico-pedagogo Dr. Bernabé Tierno, comentando la publicación del Ministerio de Asuntos Sociales socialista sobre información sexual, dice lo siguiente:
«Tras una detenida lectura del texto, la primera impresión es que lo que aparentemente se presenta como información, más bien parece una clara incitación. Por eso mi crítica va dirigida fundamentalmente a la superficialidad con que se explican una serie de técnicas y métodos que impiden las consecuencias no deseadas de unas relaciones sexuales a las que , de manera demasiado “alegre”, se alienta a los jóvenes más o menos directamente. La facilidad, tranquilidad y desparpajo con que se pretende ayudar a los adolescentes al exponer las distintas advertencias, métodos y técnicas, constituye un arma de doble filo: el conocimiento y uso de las mismas se convertirá en un incentivo más para que las relaciones sexuales sigan incrementándose y, con ello, el número de madres adolescentes. Mi larga experiencia educativa me dice que de poco o nada sirven las técnicas extrínsecas si falta la motivación interna del individuo. (...). Mientras el placer sea el valor predominante en la sociedad y el valor subyacente en toda esta campaña informativa cuyo mensaje es “disfrutar del sexo” evitando sus peligros, creo que no podemos quejarnos de que aumenten las consecuencias negativas al incrementarse la actividad sexual de los adolescentes. (...). Los impulsos sexuales no se gobiernan con técnicas sino con la decisión de la voluntad. Así pues, toda esta avalancha informativa no va a servir de nada si no va acompañada de una formación interior, de unos valores morales, de un entrenamiento de la voluntad para que el individuo sepa dar a su sexualidad el horizonte moral que le corresponde. (...). Aquí, más que en ninguna otra área de la personalidad, es imprescindible que no separemos el aspecto informativo de la dimensión educativa. Sin este complemento educativo de la sexualidad, como valor humano que debe ponerse al servicio de valores más altos, carece de significado toda información que pretendamos dar al adolescente. Dejo en el aire una pregunta a los organizadores de esta campaña: ¿dónde está la dimensión educativa de la misma? Yo no la he encontrado por ningún sitio».

Uno de los psiquiatras contemporáneos más célebres, Víctor Frankl, ha dicho: «Con el sexo, como con la moneda, después de la inflación viene la devaluación». «Después de la sexolatría viene el hastío y las desviaciones sexuales.
»Con el sexo no se juega.
»Este juego puede resultar catastrófico, porque el sexo puede llegar a ser incontrolable.
»Puede convertirse en un gran tirano acosando al individuo y emponzoñando todas sus relaciones humanas».

El erotismo desenfrenado es signo de civilización decadente.

«Las relaciones prematrimoniales son perturbadoras y no aconsejables. (...). Cuando se dan cuenta de que el amor erótico da poco de sí, este descubrimiento provocará en ambos, primero desilusión y apatía, después aburrimiento y , tal vez, al final, ruptura. Dirán -como es frecuente hoy día- que el amor se terminó y que hay que buscar nuevos horizontes. Lo grave es que no se percatan de que el amor no existió nunca. Fue suplantado por el mero erotismo. (...). Tendrán momentos de euforia, que pasan como una llamarada que quema pero no construye, sólo deja algunas cenizas tras de sí. (...). El amor no es como el hambre, que basta comer para saciarla. (...). La relación sexual, en cambio, no satisface la necesidad de crear una relación amorosa auténtica. Es insuficiente».

«Si queremos que la juventud ordene su conducta sexual, es necesario crear un ambiente socio-cultural que haga esto posible. Una sociedad de índole permisiva que erotiza el ambiente hasta provocar una especie de fijación casi obsesiva sobre lo sexual, no puede luego sostener, sin incurrir en una contradicción manifiesta, una norma de castidad prematrimonial».

«Se van difundiendo cada vez más entre los adolescentes y jóvenes ciertas manifestaciones de tipo sexual que, de suyo, disponen a la relación completa. Estas manifestaciones genitales son un desorden moral porque se dan fuera de un contexto matrimonial».

En una sociedad en la que la juventud no es casta, y el matrimonio no guarda la fidelidad, se ha matado el amor del hogar que es la suprema de las felicidades naturales que Dios ha puesto en esta vida.
El hombre es algo más que un animal. A los animales les basta el instinto sexual, pero el hombre necesita además amor.
Para saciar el instinto, basta cualquiera. Por eso el perro va indistintamente con todas las perras del barrio.
Pero el amor exige exclusividad. De ahí el tormento de los celos que no pueden permitir la intromisión de un tercero. «No hay amor sin celos» dice Proust.
Y Lourdes Ortiz: «El que diga que ama y no es celoso, miente. (...) El amor y los celos son dos caras de la misma moneda. No hay amor sin celos. (...) El enamorado es celoso por naturaleza. Lo que es imperdonable y enfermizo es convertir los celos en tortura para el que se dice amar. El celoso pasa entonces a ser verdugo. Y el amado, una víctima».

El doctor en Psicología, Alfonso María Ruiz-Mateos, C.SS.R., en una conferencia que pronunció en Cádiz el 20 de diciembre de 1979, dijo: «Los celos no siempre son patológicos. Son sencillamente prueba de amor».
Donde hay amor hay celos. La ausencia de celos se debe a una total confianza en la otra persona, o a una total indiferencia por no amar a la otra persona.
Aunque los celos excesivos son contraproducentes, pues pueden provocar aquello que temen; porque el amor se gana, no se impone a la fuerza. Y la fidelidad es una exigencia del que ama, no del amado. Sin embargo, los celos demuestran que el que ama necesita poseer al amado en exclusividad.
Esta misma exclusividad del amor, hace que la persona amada sea insustituible. A una madre no se la consuela sustituyendo su hijo muerto por otro «doble» perfecto .
Incluso el «chulo» que explota a una prostituta y no le importa que ella se acueste con todos por dinero, no tolera que lo haga con otro por amor.

El enamorado quiere el amor de la otra persona en exclusiva, y para siempre. Quien cambia fácilmente de amor, lo que tiene son caprichos sentimentales y sexuales, pero no amor.
Como quien se encapricha con un juguete y luego lo deja por otro.
El amor es otra cosa. El auténtico amor quiere ser eterno: «te querré siempre», «te querré hasta la muerte».

«Muchas esposas piensan, estúpidamente, que si consiguen de vez en cuando provocar los celos de su marido serán más capaces de conservar su amor. Pero los celos producen sospechas y rompen la confianza. (...) El amor es confiado».

«No hay que confundir los celos obsesivos con una fundada sospecha. En el primer caso conviene ir al médico. En el segundo aclarar lo que da fundamento a los celos.
»En el extremo opuesto a los celos está una bobalicona permisividad en coqueteos con tercera persona. Esto puede terminar muy mal.
»Si uno de los dos se deja invadir por la ilusión de estar con una tercera persona, de verla, de hablar con ella, apeteciendo continuamente su presencia, est es una grieta que puede romper un matrimonio».


Para examinar tu amor en orden a tu futuro matrimonio puede ayudarte el siguiente cuestionario:

1) ¿Crees que nunca y por nadie podrás sentir un amor más grande que el que ahora sientes?

2) ¿Crees que la firmeza del amor que ahora sientes no disminuirá con el tiempo según vayas conociendo más a la persona amada, sino que, por el contrario, aumentará cada vez más según le vayas conociendo mejor?

3) ¿Te ilusiona hacer feliz a la persona que amas, o vas al matrimonio buscando sólo tu propia felicidad?

4) ¿Crees que aunque esa persona sufra un accidente o enfermedad que la dejara afeada o lisiada, la seguirías amando como ahora?

5) ¿Te sientes con fuerza para renunciar a tus gustos para hacerla feliz?

6) Aunque la belleza no es necesaria para el amor, ¿encuentras en la persona que amas algún «encanto» que te llena de ilusión?

7) Aunque la sexualidad no sea el factor más importante en el matrimonio, ¿sientes atractivo por las manifestaciones de amor de esta persona concreta (aunque comprendas que antes del matrimonio tienes que dominarte), o lo que sientes por esta persona es verdadera repugnancia?

8) ¿Tenéis centros de interés común, o vuestros gustos son diametralmente opuestos y os aburrís mutuamente con las cosas que interesan al otro?

9) ¿Sospechas que después de casados necesitaréis de la presencia de otros amigos para no aburriros, o esperas que no necesitaréis a nadie para encontraros plenamente a gusto?

10) ¿Tienes la paciencia suficiente para sobrellevar los posibles defectos de tu futuro cónyuge?

11) ¿Puedes prever que el matrimonio con esta persona te va a proporcionar obstáculos a tu labor profesional, o de afición, que tanto te entusiasma?

12) ¿Puedes confiar que el matrimonio con esta persona no va a ser obstáculo para que vivas en gracia de Dios, que es la suprema de las aspiraciones que debes tener?

La rotundidad de tus respuestas a estas doce preguntas te puede orientar cómo será tu amor en el matrimonio con esa persona.

Examina ahora las preguntas siguientes que te orientarán sobre las probabilidades del éxito en tu matrimonio con esa persona.
¿Crees que si el matrimonio pasa por una tribulación (pobreza, enfermedad, etc.) esta persona te ayudará a llevarla con resignación cristiana?
¿Encuentras en esa persona virtudes y cualidades que te producen admiración y te animan a ser mejor?
¿Tiene enfermedades o vicios que te van a convertir en perpetua enfermera/o?
¿Bebe mucho?
¿Domina su genio?
¿Tiene espíritu de trabajo?
¿Te gusta su educación?
¿Es de tu nivel religioso?
¿Armonizáis en ideas, costumbres y gustos?
¿Tiene modales o expresiones que atacan tus nervios?
¿Simpatizas con su familia?
¿Simpatizan ellos contigo?
Cuando tienes una dificultad, ¿te apetece comunicársela o prefieres ocultársela?
¿Toleras sus faltas?
¿Las reconoce y muestra voluntad de corregirlas?
¿Acepta sus equivocaciones, o se empeña en salir siempre con la suya?
¿Está siempre al acecho de cualquier descuido tuyo para echártelo en cara?
¿Comprende los males del prójimo, o siempre saca a relucir los suyos propios?

Un muchacho escribió lo siguiente:
«Muchacha, óyeme.
No te conozco. Pero te conocen otros como yo.
Queremos que conozcas nuestra opinión.
Las chicas tenéis un enorme poder de arrastre.
Y esta influencia es independiente de vuestra voluntad.
Y puede ser para bien o para mal.
es un problema muy serio.
Muchas cosas que para vosotras no tienen importancia, nos hacen impacto.
Vuestra psicología es muy distinta de la nuestra.
Si tú quieres, yo te miraré con ojos limpios.
Dios te ha hecho lo más bello de la humanidad.
Tu belleza irradia atractivo.
Me gustas elegante, pero modesta.
Me gustas simpática, pero recatada.
Me gustas moderna, pero femenina.
Me gustas pura, y que se note.
Me gusta estar contigo, pero para ser mejor.
Tú puedes ayudarme.
¡Ayúdame!

Leí en una revista, de una encuesta juvenil:
«Los chicos nos gustan así:
Educado, y no grosero.
Simpático, pero no atrevido.
Caballero, y no golfo.
Elegante, pero no extravagante.
Varonil, y no feminoide.
Trabajador, y no gandul.
Pero, sobre todo, muy cristiano.

Las chicas nos gustan así:
Elegante, pero decente.
Presumidilla, pero no provocativa.
Moderna, pero no libre.
Dulce, pero no acaramelada.
Femenina y delicada, no facilona.
¡Por favor, no me desilusiones!
Te necesito para ser mejor»

En una encuesta realizada entre un centenar de chicas, las cualidades de «ellos» más repetidas por las chicas eran: Educado, atento, caballero, delicado, con personalidad,

lunes, 26 de noviembre de 2007

El sexo como moral



Entrevista con Michel Foucault

E: ¿Sigue pensando que su primer volumen de la Historia de la sexualidad, publicado en 1976, es esencial para comprender cómo somos?

M. Foucault: Bueno, actualmente me interesa más lo relacionado con las técnicas del yo que el sexo... El sexo es bastante aburrido.

E: A los griegos tampoco les interesaba demasiado ¿verdad?

M. Foucault: Desde luego que no. Para ellos esa no era una cuestión importante comparada con lo que decían sobre la alimentación o el régimen. Me resulta sumamente interesante el lento desplazamiento de interés que se produjo desde la alimentación (una preocupación omnipresente en Grecia) hacia la sexualidad. Durante los primeros siglos del cristianismo también la alimentación era un tema de mucha mayor importancia que el sexo. Por ejemplo las reglas monacales revelan que el problema que atraía más atención era el de la alimentación. Luego detectamos un progresivo desplazamiento del interés a lo largo de la Edad Media, de modo que a partir del el siglo XVII el tema prioritario es la sexualidad.

E: El segundo tomo de su Historia de la sexualidad (El uso de los placeres) trata casi exclusivamente el tema del sexo.

M. Foucault: Sí. En ese volumen he tratado de mostrar que en el siglo IV a. C. el código de restricciones y prohibiciones de los griegos es prácticamente el mismo que el de los primeros moralistas y médicos del Imperio Romano. Pero creo que la forma que tenían de integrar estas prohibiciones relativas al yo es totalmente diferente. En mi opinión, la razón es que el objetivo principal de esta ética era estético. En primer lugar, esta especie de ética era únicamente un problema de elección personal. En segundo lugar, estaba reservada a una minoría de la población; no se trataba en absoluto de imponer un modelo de conducta para todo el mundo. Lo que se intentaba era, en realidad, tener una existencia hermosa y dejar en la posteridad un recuerdo honorable de la propia vida. Desde luego, esta especie de ética no era una tentativa de normalización aplicable al resto de la población.

Leyendo a Séneca, a Plutarco y al resto de estos autores, me dio la impresión de que se planteaban un gran número de problemas relacionados con el yo (la ética del yo, las tecnologías del yo) A partir de ahí me surgió la idea de escribir otro libro que tratara distintos aspectos de las antiguas tecnologías paganas del yo. Se compone de diferentes escritos sobre el yo: el papel que tienen la lectura y la escritura en la constitución del yo, la experiencia médica del yo, etc.

Lo que más me sorprende de la ética griega es que se preocupaban más de su propia conducta moral o ética, y de la relación que mantenían consigo mismos y con los otros, que de las cuestiones religiosas. ¿Qué ocurre tras la muerte? ¿Intervienen los dioses, o no? Estos son asuntos de poca importancia para ellos, ya que no estaban relacionadas con su ética. Además, esta ética no iba ligada a un sistema legal. Las leyes que regulaban la conducta sexual no eran muy numerosas ni tenían demasiada fuerza. A los griegos lo que les interesaba era constituir una ética que fuera una estética de la existencia.

Pues bien, me pregunto si no se plantea en la actualidad un problema bastante similar, teniendo en cuenta que la mayoría de nosotros no creemos ya que la ética esté fundada en ninguna religión, ni deseamos que exista un sistema legal que regule nuestra vida privada. Por otra parte, los actuales movimientos de liberación no logran encontrar principios sobre los cuales sustentar una nueva ética. Aunque tienen necesidad de una ética, no encuentran más que pretendidos conocimientos científicos acerca de lo que es el yo, el deseo, el inconsciente... Estos paralelismos son sorprendentes.

E: ¿Cree usted, entonces, que los griegos ofrecen una alternativa atrayente y plausible?

M. Foucault: Por supuesto que no; no busco soluciones fáciles. Un problema no se resuelve acudiendo a las soluciones que se propusieron en otros tiempos y para otras gentes. Mi intención no es hacer una historia de las soluciones, y por eso no puedo aceptar el término "alternativa". Más bien, lo que trato de hacer es hacer es una genealogía de los problemas y de las problematizaciones. Aunque mi actitud no es apática, sino que conduce a un activismo que no excluye el pesimismo.

E: Sin embargo, aunque la vida de los griegos no fuera perfecta, parece ofrecer una alternativa seductora al permanente autoanálisis del cristianismo.

M. Foucault: Bueno, la ética griega estaba relacionada con una sociedad puramente masculina, donde existía la esclavitud; una sociedad en la que las mujeres eran seres sexualmente inferiores y en la que, si estaban casadas, debían cumplir con su función de esposas.

E: La mujer estaba dominada, pero el amor homosexual, sin duda, estaba menos problematizado que ahora.

M. Foucault: Eso no es tanto como parece. En la cultura griega existe una abundante y destacada literatura sobre el amor de los muchachos, y los historiadores han visto en ello la prueba de que los griegos lo practicaban. Pero eso prueba también que esa clase de amor suscitaba problemas. En efecto, si no hubiera ningún problema, los griegos habrían hablado de él en los mismos términos que al hablar del amor heterosexual. Ocurría que se consideraba inadmisible que un joven destinado a convertirse en hombre libre pudiera ser dominado y utilizado como un objeto para placer de otro. Una mujer o un esclavo podían hacer el papel de pasivos, ya que ello formaba parte de su naturaleza y de su estatus social. Todas estas reflexiones filosóficas sobre el amor de los jóvenes prueban que los griegos no podían integrar esta práctica con normalidad en el ámbito de su yo social. Ni tan siquiera podían llegar a imaginar que existiera la posibilidad de una reciprocidad de placer entre el muchacho y un hombre adulto. Así, Plutarco, por poner un ejemplo, cuando dice que el amor a los muchachos es problemático no es porque considere que ese tipo de amor sea contra natura. Lo que dice es: "No puede haber reciprocidad en las relaciones físicas entre un muchacho y un hombre".

E: Hay algo que señala Aristóteles acerca de la cultura griega que usted no ha mencionado, pero que a mi me parece muy importante: el tema de la amistad. En la literatura clásica la amistad es el lugar del reconocimiento mutuo. Al leer tanto a Aristóteles como a Cicerón, parece que la consideran la virtud más elevada, pues es desinteresada y duradera, no tiene precio, y no niega el placer.

M. Foucault: El uso de los placeres es un libro sobre ética sexual, no sobre el amor, la amistad o la reciprocidad. Es significativo que Platón, cuando trata de fundir la amistad con el amor hacia los muchachos tenga que desechar las relaciones sexuales. La amistad es recíproca, cosa que no ocurre con las relaciones sexuales: en las relaciones sexuales uno tiene que ser activo o pasivo, penetrar o ser penetrado. Donde hay amistad es difícil que existan relaciones sexuales; una de las razones por la que los griegos sintieron la necesidad de justificar filosóficamente este tipo de amor es que no se concebía la reciprocidad física. En el Banquete, Jenofonte nos dice que Sócrates señalaba que en las relaciones entre un adulto y un muchacho, este no es más que el espectador del placer del hombre; aún más, que es deshonroso para el muchacho sentir cualquier tipo de placer en la relación con el adulto.

Lo que quisiera plantear, entonces, es lo siguiente: ¿somos capaces de tener una ética de los actos y de su placer que considere el placer del otro? ¿Es el placer del otro algo que pueda ser integrado en nuestro propio placer, sin referencia a la ley, al matrimonio o a cualquier otra obligación?

(...)

E: ¿Y cual era el concepto que tenían los griegos de desviación?

M. Foucault: Según su ética sexual la diferencia no estaba en preferir a los mujeres o a los hombres, ni en hacer el amor de una u otra forma. Era más bien una cuestión de cantidad, y de actuar como activo o como pasivo; en ser esclavo de los propios deseos o maestro de ellos.

E: ¿Y si alguien hacía tanto el amor que su salud podía resentirse?

M. Foucault: Eso era lo que ellos llamaban "la hybris", el exceso. No se planteaban el tema de la desviación, sino el del exceso o la moderación.

E: ¿Y qué hacían los griegos con gente?

M. Foucault: Eran consideradas personas de mala reputación.

E: ¿Pero intentaban curarlos o llevarlos al buen camino?

M. Foucault: Bueno, existían ejercicios para que uno aprendiera a gobernarse a sí mismo. Epicteto afirmaba que uno debería poder mirar a una joven hermosa o a un muchacho bello sin sentir deseo por ella o por él. Para conseguir esto era preciso convertirse en maestro de uno mismo.

En la sociedad griega existía una corriente de pensamiento que promovía la austeridad sexual; era esta una creación de gentes cultivadas que deseaban dar a su vida belleza e intensidad. Algo parecido ha ocurrido aquí desde el siglo XIX cuando, para alcanzar una vida más bella la gente ha tratado de liberarse de la represión sexual inculcada por la sociedad desde la infancia. En Grecia, probablemente Gide hubiera sido un filósofo austero.

E: Así que, para alcanzar una existencia hermosa los Griegos eran austeros, mientras que nosotros buscamos la realización personal en la ciencia psicológica.

M. Foucault: Eso es. Contamos con todo un tesoro de procedimientos, técnicas, y conceptos que han sido creados por la humanidad. No es que podamos reactivarlos, pero al menos podemos emplearlos como instrumentos para analizar la realidad actual y cambiarla. Desde luego, no podemos elegir el mundo griego en vez del nuestro, pero comprobar que algunos de nuestros principios éticos estuvieron ligados en cierto momento a una estética de la existencia puede constituir un análisis histórico útil. Durante siglos hemos estado convencidos de que existían relaciones analizables entre la ética personal que rige nuestra vida cotidiana y las grandes estructuras políticas y socio-económicas. Hemos pensado que no podíamos cambiar nada de nuestra vida sexual o familiar sin que eso trastocara la economía, el sistema democrático, etc. Considero que deberíamos desembarazarnos de esa idea de que existe una relación necesaria entre la ética y las estructuras sociales, económicas o políticas. Esto no significa, naturalmente, que no existan relaciones, pero se trata de relaciones variables.

E: Entonces, ¿qué tipo de ética podemos construir ahora que sabemos que entre la ética y las otras estructuras existe una coagulación histórica y no una relación necesaria?

M. Foucault: Lo que me sorprende es el hecho de que en nuestra sociedad el arte se haya convertido en algo que no concierne más que a la materia, no a los individuos ni a la vida, que el arte sea una especialidad hecha sólo por los expertos, por los artistas. ¿Por qué no podría cada uno hacer de su vida una obra de arte? ¿Por qué esta lámpara o esta casa puede ser un objeto de arte pero mi vida no?

E: Entonces, si el hombre ha de crearse a sí mismo sin recurrir al conocimiento ni a reglas universales ¿en qué difiere su planteamiento del existencialismo de Sartre?

M. Foucault: Creo que desde un punto de vista teórico, Sartre, a través de la noción moral de autenticidad, retoma la idea de que debemos ser nosotros mismos, es decir, convertirnos en nuestro verdadero yo. Pero podríamos ligar su pensamiento teórico con el concepto de creatividad, y no con el de autenticidad. Si el yo no nos viene dado, llegamos a una consecuencia práctica: debemos constituirnos a nosotros mismos, fabricarnos, crearnos como si fueramos una obra de arte.

(...)


Fin
Fuente: Le Nouvel Observateur, junio de 1984.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Cambios de actitud ante las relaciones sexuales.


Los sentimientos de pudor que rodean a las relaciones sexuales entre las personas han ido intensificándose y cambiando considerablemente con el proceso civilizatorio. Esto se muestra claramente en la dificultad con que tropiezan los adultos de las últimas fases de la civilización cuando tienen que hablar con sus hijos de tales relaciones. Pero esa dificultad se nos antoja hoy algo natural. Hoy pensamos que, por razones biológicas, el niño no puede saber nada de las relaciones entre los sexos y que constituye una cuestión extraordinariamente delicada y difícil ilustrar a los adolescentes sobre sí mismos y sobre lo que pasa en torno suyo. En realidad, esta situación no tiene nada de natural; antes bien, es el resultado del proceso civilizatorio, como puede comprobarse en cuanto se observa el comportamiento correspondiente de los seres humanos en otra fase del proceso. El destino que sufrieron los famosos coloquios de Erasmo de Rotterdam nos ofrece un buen ejemplo de lo que estamos diciendo. (...)

Al observador de la época contemporánea le resulta extraño que en sus diálogos, Erasmo hable a los niños de las prostitutas y de las casas en las que éstas viven. A los hombres de nuestra etapa de la civilización les parece inmoral mencionar tales instituciones en un libro para niños. Cierto que estas instituciones existen como enclaves también en la sociedad del siglo XIX y del siglo XX, pero resulta que el miedo púdico con el que se ha cubierto la totalidad del ámbito de los impulsos de los seres humanos desde pequeños, así como «el anatema del silencio» que ha recaído sobre estos temas en el trato social, son absolutos. La mera mención de estas opiniones y de tales instituciones en el trato con los niños es un delito, una corrupción del espíritu infantil; y, por lo menos, una falta de condicionamiento del peor tipo.

En tiempos de Erasmo era perfectamente natural que los niños supieran de la existencia de estas instituciones. Nadie trataba de ocultárselas. En todo caso se les avisaba del peligro que suponían; precisamente lo que hace Erasmo. Si nos limitamos a leer únicamente los libros pedagógicos de la época, entonces, en efecto, parece como si la mención de estas instituciones sociales fuera solamente una ocurrencia de algún autor aislado. Pero cuando recordamos cómo los niños vivían con los adultos; cuando vemos qué delgado era el muro de intimidad que separaba a unos adultos de otros y, también, a los adultos de los niños, entendemos que estas conversaciones, como las de Erasmo y las de Morisotus, en realidad se remitían de modo inmediato a las pautas sociales dominantes en su época. Los autores tenían que partir del hecho de que los niños lo sabían todo; esto era algo natural... La tarea del educador consistía en mostrarles cómo tenían que comportarse frente a estas instituciones sociales. (...)

Hasta cierto punto lo mismo cabe decir de la relación sexual en general, incluso de la matrimonial. Podemos hacernos una idea de ello considerando las costumbres de la noche de bodas. Al hacer su entrada en la cámara nupcial, la comitiva iba precedida por los mozos de honor. La doncella de honor, a su vez, desnudaba a la novia, quien tenía que despojarse de todas sus joyas. Para que el matrimonio fuera válido era necesario que los novios entraran en el lecho en presencia de testigos. Esto es, «se les acostaba juntos». «Cuando en el lecho se ha entrado, el derecho se ha conquistado». se decía en la época. En la Baja Edad Media fue cambiando paulatinamente esta costumbre de modo que los novios podían echarse en la cama vestidos. Por supuesto estas costumbres cambiaban en función de las clases sociales y también en función de los distintos países. No obstante sabemos que en algunos casos, como en Lübeck, por ejemplo, este uso antiguo se mantuvo en vigor hasta los comienzos del siglo XVII. Todavía en la sociedad cortesano-absolutista de Francia se mantenía el uso de que los testigos acompañaran al novio y a la novia hasta el lecho nupcial donde éstos se desnudaban y recibían el camisón de manos de aquellos. Todo esto constituye un síntoma del cambio de pautas en los sentimientos de pudor suscitados por las relaciones sexuales.

A lo largo de estos ejemplos podemos ver con bastante claridad el carácter específico de aquellas pautas de sentimientos de pudor que posteriormente acabarán siendo dominantes a lo largo de los siglos XIX y XX, En esta época son los propios adultos. los que en gran medida ocultan todo lo relativo a la vida sexual y la excluyen del trato social convencional; por esta razón resulta posible, y hasta necesario. esconder con mayor o menor habilidad esta parte de la vida durante el mayor tiempo posible a los ojos de los niños. En las épocas anteriores las relaciones sexuales así como las instituciones que las regulan están mucho más claramente incorporadas a la vida pública; en consecuencia resulta más comprensible que los niños adquieran conocimiento de esta parte de la vida desde pequeños. Ni siquiera para asegurar su condicionamiento (esto es para hacerles alcanzar las pautas de comportamiento de los adultos} existe necesidad alguna de presentar esta esfera de la vida a los niños cargada con la misma cantidad de tabúes y de secreto con que hubo de hacerse en una fase posterior de la civilización, en correspondencia con el cambio en las pautas de comportamiento.


Fin

Fuente: Norbert Elias. El proceso de civilización. FCE, 1989

El comportamiento en el dormitorio.




El dormitorio se ha convertido en uno de los ámbitos más "privados" y más "íntimos" de la vida humana. Al igual que la mayor parte de las funciones corporales, también el "dormir" es algo que se ha ido relegando, cada vez más, a la trastienda del trato social. La familia nuclear es el último enclave legítimo socialmente sancionado que ha quedado de estas funciones, al igual que ha sucedido con muchas otras funciones sociales. Sus muros visibles e invisibles arrebatan a la mirada de los otros seres humanos los aspectos más "privados", más "íntimos" de los otros, esto es, la parte irreprimiblemente "animal" de estos.

En la sociedad medieval esta función todavía no se había privatizado tanto, ni se había excluido de la vida social. Lo normal era recibir visitas en las habitaciones en las que había camas y, las camas, a su vez, según su tipo, tenían una función social de ostentación. Era muy frecuente que muchas personas pasaran la noche en la misma habitación; en la clase alta lo hacía el señor con sus criados y la señora con su doncella o con sus doncellas; en las otras clases solían dormir en la misma habitación hombres y mujeres juntos y hasta también los huéspedes que allí pernoctaran.

Quien no dormía con toda su ropa, se desnudaba por completo. Por regla general, entre personas seglares la gente solía dormir desnuda y en las órdenes monásticas, según la rigidez de la regla, lo hacían completamente desnudos o completamente vestidos. (...) Resultará relativamente sorprendente que alguien conservara la camisa de día al ir a dormir por la noche; esta práctica despertaba la sospecha de que el interesado o la interesada podían padecer alguna enfermedad o defecto corporal, pues ¿por qué otro motivo tendría alguien interés en ocultar su cuerpo?; y, de hecho, ésta era la razón en la mayoría de los casos. Por ejemplo, en la Roman de la Violette leemos que la criada pregunta asombrada a su señora por qué va a la cama con la camisa y ésta le contesta que es a causa de una señal corporal que tiene.

Por lo demás, esta mayor naturalidad en cuanto a la exhibición del cuerpo desnudo, así como en relación con el límite correspondiente de la vergüenza, se manifiesta con especial claridad en las costumbres en el baño. A menudo se ha observado posteriormente con cierto asombro que los caballeros se hacían servir por mujeres en el baño y que igualmente se hacían llevar a la cama la bebida nocturna también por mujeres. Parece ser que la gente se desnudaba en la casa, antes de acudir a la de baños, al menos según la costumbre de las ciudades. "Cuántas veces", dice un observador, "atraviesa los callejones corriendo el padre desnudo, provisto de unos calzoncillos tan sólo, acompañado por su esposa desnuda y sus desnudos hijos, camino de la casa de baños. Cuántas veces he visto a las jóvenes desnudas y solas, o vestidas con una camisilla raída y un albornoz hecho jirones o bien con ese trapo que las cubre sólo por delante y por detrás y que la gente llama aquí Badehr. Éste se abre sobre los pies y las jóvenes se lo aprietan decentemente por detrás mientras van corriendo desde su casa a mediodía por los largos callejones, hasta la casa de baños. Aliado de ellas suelen correr los chicos desnudos de diez, doce, catorce y dieciseis años de edad".

Esta naturalidad va desapareciendo lentamente en el siglo XVI y, de modo más decidido en los siglos XVII, XVIII y XIX; primeramente en la clase alta y, luego, en todas las demás de la sociedad. Hasta ese momento, el estilo general de vida y la distancia menor entre los individuos hacen que la visión del cuerpo humano desnudo, al menos en los lugares más apropiados, sea incomparablemente más natural que en la primera fase de la Edad Contemporánea. Así, se ha podido decir, al menos con referencia a Alemania, que "tenemos el resultado sorprendente de que la visión de la desnudez completa era algo cotidiano hasta el siglo XVI. Todo el mundo se desnudaba por completo al ir a dormir y, además no había ningún tipo de tapujos en los baños calientes", y esto no solamente era válido para Alemania. Los seres humanos tenían una relación mucho más natural con su cuerpo igual que con muchas de sus funciones corporales; incluso cabe decir que tenian una relación infantil. Así lo muestran las costumbres y los hábitos en los baños.

La vestimenta nocturna especial comenzó a utilizarse aproximadamente en la misma época que el tenedor y el pañuelo de nariz. Al igual que los otros "utensilios" de la civilización, éste también hizo su camino lentamente a través de toda Europa, y también es un símbolo del cambio decisivo que se dio entre los hombres en aquella época. Crecía la sensibilidad de los seres humanos en relación con todo aquello que entraba en contacto con su cuerpo. El sentimiento de vergüenza se adhería a modos de comportamiento que, hasta entonces no tuvieron nada que ver con tal sentimiento. También aquí se repite, como suele suceder en el curso de la historia, aquel proceso psíquico que ya aparece en la Biblia ("Y vieron que estaban desnudos y se avergonzaron") como un avance que es de los límites de la vergüenza, como un adelanto en la represión de los impulsos. Desaparece, por lo tanto, la naturalidad con que la gente se muestra desnuda, como también desaparece la naturalidad con que hace sus necesidades en público. A consecuencia de ese cambio generalizado en la apreciación social de la desnudez, también la representación del cuerpo desnudo en el arte alcanza un significado nuevo: pasa a convertirse en ilusión y realización de un deseo. Para utilizar la expresión de Schiller, a diferencia de las formas naifs de la época anterior, ahora el arte se hace "sentimental".


Fin

Fuente: Norbert Elias. El proceso de civilización. FCE, 1989

lunes, 27 de agosto de 2007

La mujer y el sexo

Sencillamente no llegamos a acuerdo. Si bien las mujeres no quieren tener sexo todos los días, sí les interesa que sea continuo, al menos tres veces a la semana o un poco menos si el estrés es mucho.

La idea es que la cantidad óptima de sexo sea tal: Como para no considerar a un vibrador a la misma altura que un romance. Emparejada, pero sin convivir, me parece lógico tener sexo cada vez que nos vemos. Ya compartiendo una cama, por lo menos día por medio, dice Angélica.

Cantidad versus calidad

Al parecer, la mayoría de las mujeres no está de acuerdo con cuantificar el sexo, sino que prefieren calificarlo. Es decir, no valen muchos encuentros a medias, sino uno grandioso y recordable.

Creo que no es cuánto la pregunta, sino más bien la calidad que se experimente. Y probablemente ésa sea una de las grandes diferencias con los hombres. Sin embargo, y a muy pesar de nuestros machos, creo que la brecha que antes nos distanciaba, con respecto al sexo, en esta época se ha acortado substantivamente. Hoy las mujeres exigimos pasarlo bien, y no ser simplemente espectadoras, por lo tanto, la cantidad de veces que se tenga sexo con la misma persona, no asegura necesariamente el éxito de la relación, dice Vanesa de 29 años.

Y en eso tiene razón, pues las mujeres requieren para la intimidad de mayor número de factores que potencien el ambiente y la inciten al sexo. Los hombres, en cambio, son esencialmente visuales e instintivos. Nosotras necesitamos de relajación, eliminar los elementos distractivos, paciencia, tiempo, mucho cariño y poca luz, así al menos lo confiesa la mayoría.

¿Y qué afecta nuestra libido?

Recuerdo que a los 20 lo único que quería era hacerlo todos los días con mi pololo y me daba lo mismo cómo resultara. La cosa era hacerlo. Luego, los años trajeron las obligaciones y con tanto agobio, cansancio físico y requerimientos emocionales, no estoy dispuesta a tener sexo por tenerlo, y sólo acepto cuando tengo muchas ganas, tengo el ambiente indicado y sé que él tendrá la paciencia y las ganas necesarias para jugar un buen rato antes de ir al grano, advierte Nicole, de 31 años.

Paulina de 28, opina de manera similar: La verdad es que yo creo que menos del que se habla. Pero también depende del período en que estés, o sea, hay semanas en que tus hormonas gritan por un buen coito. Pero hay días en que uno no quiere escuchar hablar de sexo. Además, depende si estás soltera o no, porque cuando sí lo estás sueles pensar más en sexo, debido justamente a la falta de disponibilidad que tienes para hacerlo. Yo creo que una mujer que está en pareja hace tiempo, tiene su trabajo, sus cosas, sus hobbies y amistades, con tres veces a la semana está bien. Pero insisto en que no todas somos iguales. Hay muchas que sienten que si un día no lo hicieron con sus maridos o parejas la cosa anda mal. Definitivamente no se puede generalizar.

Y en eso está en lo correcto, pues María, de 52 años, fue la única de nuestras entrevistadas que confesó que le gustaría tener sexo a diario ya que la carne es débil.

Más que sexo

Ahora bien, si en cuanto a la cantidad de sexo necesario las mujeres no se ponen de acuerdo (aunque afirman que no quieren hacerlo todos los días); sí coinciden que más allá del coito propiamente tal, lo que les interesa tener muy seguido es el contacto con su pareja, la instancia de regaloneo, de mimos y de decirse cosas lindas.

Honestamente creo que la necesidad es diaria, y no hablo sólo del acto, sino de tocarse con cariño y deseo, de eso ¡yo tengo ganas todo el día y todos los días!, nos asegura Angélica de 29 años.

Los ritmos sexuales de la mujer son mucho más pausados

Así lo asegura el experto en la materia, el sexólogo y neurólogo argentino de Consultasex, Enrique de la Rosa, quien explicó la razón de esto a Zona Mujer.

La base es la siguiente , no existen necesariamente estadísticas confiables en las cuales uno pueda decir necesitan tantas veces o tiempo. Sin embargo la apreciación clínica (y agrego a ello las capacitaciones en técnicas tántricas o yóguicas que realizo), son que las mujeres tiene una necesidad sexual, superior a la que ellas mismas conocen, plantea el profesional.

De la Rosa explica que cuando se está en una terapia, las mujeres descubren aspectos de ellas desconocidos, y por momentos perturbadores, ya que viven esa nueva demanda sexual por parte de su cuerpo como ajena. La base de esto es que los ritmos sexuales de la mujer son mucho más pausados, pero mucho, muchísimos más prolongados y profundos que los del hombre. De allí que las técnicas sexuales en el hombre tenga que ver con poder asemejar en alguna medida sus ritmos (los de él) a los de una mujer.

Por supuesto que en este tema también hay una base biológica y ésta es que la mujer tiene un umbral de excitación más alto, pero con curvas mucho más prolongadas y esto en realidad está dado por la construcción neurobiológica, el otro tiene picos más rápidos pero más breves y especialmente con un período refractario ( es decir que impide que la curva vuelva a subir) prolongado.

El experto agrega que la mujer además tiene una curva en serrucho y que, apropiadamente conducida, es virtualmente inagotable, y cada orgasmo va seguido por una pequeña caída, casi como si uno cabalgara una ola, y vuelve a subir, pero ya no desde el punto O, sino más alto. A su vez la duración de esa curva de excitación es más alta.

Lo que plantea De la Rosa es que a partir de ese entrenamiento se definen la frecuencia, necesidad y demanda por sexo y que el límite está marcado por el cansancio físico.

“Si logran trabajarlo adecuadamente , su demanda es creciente, y actúa en forma potenciadota En esta semana una paciente anorgásmica (muy entre comillas verás), se alteraba (‘¿me estaré volviendo loca?, ¿qué me hiciste hacer?, etc.’), y me relataba que había tenido 25 orgasmos en forma autoerótica. Es decir la capacidad propia es altísima. Edad de la dama, 56 años. El planteo, venía a que ahora eso implicaba un nuevo planteamiento frente al marido, ya que hasta ese momento el juego de roles era que ella era la anorgásmica que cerraba el acceso a las relaciones sexuales y él, el demandante.