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lunes, 4 de febrero de 2008

Yukibo y la Flor de moriviví


Personajes:

1. Narrador
2. Coahí
3. Yukibo
4. Padre
5. Bohíque
6. Yocahú




Acto I, Cuadro 1

Narrador:
Los padres de Yukibo y Cohaí eran grandes amigos, y aunque vivían en distintos yucayeques cada tres lunas llenas se visitaban entre sí. Yukibo y Cohaí aprovechaban estos encuentros para conversar, reír y compartir ensueños; comportamiento que aprobaban los padres.


Cohaí:
¿Me amas?



Yukibo:
Como a la luz del sol. Esa luz que nutre y da vida a todo cuanto alcanza; a la hierba, a los árboles y al sonoro cantar de la quebrada…

Cohaí:
Yo también te quiero; y me haces falta; me haces falta como al cielo las nubes; como al ave las alas…

Narrador:
Algún tiempo después, la pareja de enamorados convino en pedir a sus respectivos padres consentimiento para casarse. La noticia alegró tanto a los padres que estos se comprometieron a fijar la fecha de la boda.



Acto I, cuadro 2

Narrador:
Pero antes de que Cohaí y Yukibo se casasen, el bohíque principal de la isla solicitó al padre de ésta que se la diera en matrimonio.


Padre:
es un honor, ¡oh, gran bohíque!, que usted quiera pertenecer a nuestra familia. Pero, no puedo complacerlo. Cohaí le ha sido prometida a Yukibo.

Bohíque:
¡Cohaí será mi esposa!

Padre:
Ella tiene a Yukibo en su corazón. Sin embargo, yo tengo otra hija que la iguala en belleza. Con gusto se la cedo en matrimonio.

Bohíque:
¡Quiero a Cohaí!

Padre:
Ya hemos formalizado el compromiso con los padres de Yukibo.

Bohíque:
Soy el gran bohíque; ¡será mi esposa aunque tú no lo quieras!

Padre:
Lo siento, pero ya está fijada la fecha de la boda...


Acto I, Cuadro 3

Narrador:
El bohíque se marchó furioso, dando grandes voces. Cohaí, escondida tras el telar, había escuchado la conversación; y temblorosa lloraba. Desde ese día el bohíque mantuvo a Cohaí en un constante asedio. A cada momento se le presentaba en el bohío, la seguía hasta el mercado y cuando lavaba ropa se le aparecía de repente con la intención de raptarla. Cosa que nunca pudo lograr; pues, el padre de ella y Yukibo se alternaban para acompañarla. Lleno de ira al ver fracasar su propósito, el bohíque, utilizando sus conocimientos de hechicero convocó a Tuyra, espíritu del mal.

Bohíque:
(clamando, mientras preparaba un mortal brebaje.)
¡Grande y sublime, Tuyra, dios de la desolación y la venganza! ¡Acude a mí! Uña de urubú, rabo de anolis, yerba anamú, patas de bibijaguas y agua de naiboa corta a Yukibo mi anki, ¡destrúyelo!


Acto I, Cuadro 4

Narrador:
Tres días antes de la boda los amigos del novio se reunían con él para embijarlo. El astuto bohíque, sin que nadie lo supiera, mezcló el brebaje, que había llevado escondido, con la comida destinada al novio. Yukibo, ajeno a la maldad del bohíque, comió y bebió entusiasmado. A partir de ese momento comenzó a enfermar. Minutos antes de que se celebrara la boda, Yukibo moría sin que sus familiares y amigos adivinaran la causa.

Hubo una breve ceremonia. Los amigos y deudos enterraron el cuerpo de Yukibo. Todos se marcharon, menos Cohaí; quien no cesaba de clamar frente a la tumba.


Cohaí:
(Llorando frente a la tumba) Yocahú, escucha mi ruego, ¡devuélvele la vida a mi amado!, ¡regrésale su naniqui!

Yocahú:
(La voz solamente) ¡Cohaí!, ¡basta ya de llorar!

Cohaí:
¡Yocahú!

Yocahú:
Sí, soy yo. No puedo devolverle el naniqui a Yukibo, pero puedo transformarlo antes de que huya de su cuerpo.

Narrador:
Hubo un intenso ventarrón, apartáronse las nubes del cerrado cielo y un destello de luz penetró en la tumba de Yukibo. Cohaí, sorprendida, vio salir de la tumba un hermoso ruiseñor. Sintió un breve aleteo sobre su cabeza y luego lo vio perderse en el gris del horizonte.



Acto II , cuadro 1

Narrador:
Poco tiempo después el bohíque obtenía el permiso del cacique para casarse con Cohaí. Cohaí desconsolada, ante la noticia de que tenía que casarse contra su voluntad, clamaba:

Cohaí:
¡Ay, muerte recelosa que me esquivas!
¡Oh, muerte de mi amado!,
¡borrar de mí su amor,
tú no has logrado!
Pues tiembla, a su recuerdo,
y se enternece este afán de dulzura,
que mis lágrimas riegan con ternura:
capullo florecido y perfumado,
que sólo a ti responde
llanto que no se esconde
y que anhela llegar pronto a su lado...


Acto II, cuadro 2

Narrador:
El ruiseñor, que ha escuchado la súplica de su amada, vuela hasta lo alto del Yunque a pedirle ayuda a Yocahú.


Ruiseñor:
(Voz de Yukibo)
¡Bondadoso señor!,
tú, que le das dulzura al agua de los ríos,
con que saciamos nuestra sed;
que haces brotar los frutos de la tierra
con que nos sustentamos.
Tú, que enciendes el farol de la mañana
y lo guardas al terminar la tarde,
escucha el llanto de mi amada,
escucha la tristeza de mi canto.
Dime, cómo evitar que Cohaí siga penando;
y lo que es peor, que contra su voluntad despose
a quien, con despiadada crueldad, me hizo este daño.

Yocahú:
Recoge una gota de néctar de rocío en la parte plateada de la hoja del yagrumo y dásela a tomar a Cohaí antes de que la última oscuridad de la noche se desvanezca con la llegada del día.


Acto II, cuadro 3

Narrador:
Cuando fueron a buscar a Cohaí para la ceremonia de la boda, la encontraron muerta. Hoy sobre su tumba florece una pequeña planta. Planta que cierra sus hojas ante todo el que la toca; excepto al ruiseñor, quien, antes de acariciarla, le canta para dejarle saber que es él.

Ruiseñor:

(Voz de Yukibo)
Escucho el susurro acompasado y frágil
polen multicolor de mariposa
que flota cual suspiro enamorado
que cual suspiro enamorado flota...
Es el beso de luz de una alborada
eres tú, amor... que esperas mi llegada
y al trino de mi amor suspiras.
que ciñe su diadema diamantina
y troca su fulgor en suave rima,

Flor de moriviví:
(Voz de Cohaí)
Antes de oír las notas
adulzar el silencio con tus trinos,
temblaron mis estambres y mis hojas.
Presentí tu llegada, y mi suspiro
fue fragancia y despertar de aurora;
el gorjeo de tu voz es melodía
que ahuyenta mi nostalgia con su canto.
Anhelante, ya estoy de tu caricia.
¡Unamos nuestro ser, en tierno abrazo!

Narrador:
Al caer la tarde, en el recodo del valle donde se encuentra la tumba de Cohaí, una mimosa y púdica flor junto a un enamorado ruiseñor, la melodía del amor, musitan


© Andrés Díaz Marrero, 2007

La Mariposa y la Flor


Narrador:
Recién se había transformado de gusanito en mariposa. Extendió sus alas, todavía un poco húmedas, las abanicó al viento para terminar de secarlas y remontó vuelo hacia la flor. Desde allí se sintió dueña del paisaje. La fragancia de la flor y la suavidad de sus pétalos la hacían sentir muy feliz.


Flor:
Eres muy bella.

Mariposa:
Y tú eres tiernecita y perfumada.

Flor:
Ven, te invito a probar el dulzor de mi néctar. Lo he preparado especialmente para ti.

Mariposa:
¡Gracias!, ¡Mmmm!, es exquisito. Cuando era un gusanito te miraba desde abajo; contemplaba en silencio tu belleza y te admiraba. ¡Te admiraba tanto! Recuerdo que volteaba mi cabeza hacia el cielo y soñaba con elevarme del suelo y llegar hasta ti. Soñaba con volar, surcar el espacio..., para luego acercarme a tus pétalos y reposar en ellos. Y allí al sentir, de más cerca, la tibieza del sol sobre mi cuerpo, abrir plenamente mis alas temblorosas, para luego mirarme en el espejo de rocío que la madrugada bordó sobre tus hojas.

Flor:
Yo también pensaba en ti. A decir verdad, te esperaba; deseaba ver cerca de mí los hermosos colores que te visten. Esperaba las caricias de tus alas. Yo también fui pequeña y me sentí insignificante. Fui solamente un pequeño capullo, producto de un minúsculo granito de polen...

Mariposa:
(interrupiéndola) ¡Te amo!

Narrador:
La flor hizo silencio, abrió enamorada su corola y se dejó acariciar completamente... Y un rumoroso susurro de besos, pétalos y alas cubrió de armonía la mañana.

martes, 15 de enero de 2008

La Competencia de Patinetas


Personajes:


Narrador
Don sapoconcho
La grulla
El guaraguao
El gorrión
La lagartija

El múcaro
El colibrí
La cotorra
La mariquita
Otros animales

Escena 1

(La pista es una plataforma plana en el centro del escenario, preferiblemente un poco más elevada, con árboles al fondo y arbustos y flores en uno de sus lados. El narrador estará al frente y a la izquierda)

Narrador:
-Don Sapoconcho había reunido a los animales del monte en un claro cerca de la quebrada. Allí con su gran voz hizo el anuncio

Don Sapoconcho:
-El próximo domingo, a las diez de la mañana, será la competencia de patinetas. En la misma podrán participar todos los que deseen. Habrá un gran premio para el ganador...

La grulla:
-(interrumpiéndolo) ¿Cuál será el premio?

Don Sapoconcho:
- (disimulando la interrupción.) El premio consistirá de un viaje con gastos pagados alrededor de Puerto Rico, incluyendo a las islas de Vieques y Culebra.

El guaraguao:
-¡Ese premio lo gano yo!

El gorrión:
-¡Eso lo veremos!

El múcaro:
-(murmurándole en el oído, a la lagartija) Ya comencé a entrenar.

Narrador:
- (El narrador se aparta del bullicio del grupo y alza un poco más la voz) Y así, fueron expresándose uno tras otro; cada quien, reclamando la victoria. La reunión duró hasta que las sombras de la noche obligaron a cada uno de los presentes a buscar refugio en su morada.

(se obscurece el escenario mientras se escucha el murmullo del grupo y se ve a diversos animales gesticulando)

Escena 2

Narrador:
- Apenas despuntó el sol del siguiente día, cuando el monte se llenó de voces y ruidos de patinetas. Unos las corrían, otros aceitaban las ruedas, otros las reparaban... Había un gran alborozo y entusiasmo. Todos lucían felices; contentos. Bueno, casi todos, porque la cotorra ni tenía patineta ni sabía correrla. La pobre se encontraba muy triste, mirando desde el hueco de su árbol a los que practicaban. Fue entonces, cuando escuchó la voz de su amigo el colibrí

El colibrí:
-Hola cotorra.

La cotorra:
-(con voz apagada) Qué tal colibrí

El colibrí:
- ¿Qué te pasa? ¿Por qué no estás practicando para la carrera?

La cotorra:
-(con tristeza, casi a punto de llorar) Es que no tengo patineta y tampoco sé correrla. ( Se seca la humedad de los ojos con la palma de la mano.)
El colibrí:
- (consolándola, muy dispuesto) ¡No seas tontita!, ¡No vayas a llorar!, todavía faltan seis días para la carrera. Yo te prestaré la mía y te enseñaré a correrla.

La cotorra:
-¿Pero, y tú?

El colibrí:
- No puedo participar, porque ese día tengo que acompañar a mi esposa. Ella está empollando tres huevecillos y... ¡tú sabes!

La cotorra:
- ¡Qué buen amigo eres! (gestos de agradecimiento)

Narrador:
- Con gran paciencia y esmero, el colibrí le enseñó a correr patineta. El día antes de la competencia le dijo

El colibrí:
- Veo que has aprendido muy bien a correr la patineta; ahora te diré el secreto para desarrollar gran velocidad

La cotorra:
- ¡Falta qué me hace! Pues, no alcanzo a desarrollar velocidad suficiente al correrla.

El colibrí:
- Observa bien, lo que tienes que hacer es agitar las alas de esta manera, así, ¡ves!

Narrador:
- Y como todos sabemos que los colibríes son expertos en agitar sus alas, podemos fácilmente imaginar lo bien que le enseñó.

Telón

Escena 3

Narrador:
- El día de la carrera se inscribieron muchos competidores. No los nombro a todos porque la lista sería muy larga. Pero puedo decir que el más grande de ellos era el guaraguao y el más chico la mariquita, que así se llamaba aquel pequeño escarabajo. (El grupo de competidores está en posición esperando que don sapoconcho dé la salida.)

Don sapoconcho:
-En sus marcas, listos...¡fuera! (bullicio de participantes y espectadores. La mariquita, corre en primer lugar pero al pasar la primera curva de la carrera el guaraguao la empuja con un fuerte aletazo al tercer lugar por donde viene el múcaro, y éste de un picotazo la saca de la pista, empujándola con tanta fuerza, que mariquita y patineta dan contra un árbol. La cotorra que iba en cuarta posición se detiene, para ver si la mariquita está herida.)

La cotorra:
- ¡Eso no es justo! (la ayuda a levantarse) No, ¡eso no está bien! ¡Las carreras se ganan limpiamente!

La mariquita :
-Estoy bien, (casi a punto de llorar) ¡es que soy tan pequeña...

La cotorra:
- ¡Anda! ¡Súbete a la patineta, volvamos a la pista! ¡La carrera no ha terminado aún! ¡Ven, que yo te ayudaré! (Ambas se suben a sus respectivas patinetas y se integran a la carrera . La mariquita va al frente de la cotorra mientras ésta la impulsa con sus alas.)

Narrador:
-La cotorra, detrás de la mariquita la impulsaba, Ella movía sus alas tal y como le habían enseñado y ganaba velocidad. Uno tras otro, tras otro, de los corredores, fueron quedando atrás. Faltaban apenas dos metros de distancia para la llegada...

Guaraguao:
-(gritando de júbilo) ¡ja! Seré el campeón. ¡Ganaré la competencia!

Narrador:
-Un zumbido le borró la sonrisa de triunfo al guaraguao. Era la mariquita seguida por la cotorra, que pasaban por su lado con la velocidad de un relámpago. Poco después, don Sapoconcho anunciaba el orden oficial de llegada.

Don Sapoconcho:
-En primer lugar la mariquita, en segundo lugar La cotorra, en tercer lugar el guaraguao... (transición) Ahora los premios. Boleto de pasaje y trofeo para la ganadora... ¡La mariquita! (Aplausos y vivas de los presentes) y la medalla del segundo lugar para...¡La cotorra! (Aplausos y vivas de los presentes) Para el resto de los competidores habrá un certificado de participación.

(El área de la premiación se oscurece mientras que el narrador recibe iluminación. salen todos los personajes excepto el narrador, la mariquita y la cotorra.)

Narrador:
-Veamos cómo termina nuestra historia. (La escena vuelve a iluminarse y el narrador señala hacia donde se encuentran hablando la mariquita y la cotorra)

La mariquita :
- (enseñado orgullosa el trofeo) Gracias amiga cotorra, sin ti no hubiese podido ganar.

La cotorra:
- ( sonriente) ¡No es nada! Tenemos que ayudarnos unos a otros.

La mariquita :
- (Con picardía) ¡Te tengo una sorpresita! Ven te invito a visitar a un amigo.
( La cotorra la acompaña y llegan al nido donde vive colibrí y su familia. Colibrí,su esposa y polluelos salen alegres a su encuentro.)

Narrador:
- Al llegar al nido del colibrí, lo encontraron celebrando junto a su esposa; la llegada de sus tres polluelos. Esa tarde fue una de alegría y gozo.

Fin

©Andrés Díaz Marrero

La Historia de don Grillo

Personajes:

Sofía,
Adriana,
Don Grillo
Desarrollador I
Desarrollador II
Abuela

Escena I
[El patio trasero de la casa de la abuela. Sofía y Adriana entran vestidas de carpinteros. Adriana lleva un martillo y sofía un serrucho, ambos de plástico.

1. Sofía
-¿Este es el árbol de mangó?

2. Adriana
-Sí, este es el que tenemos que tumbar.

3. Sofía
-A trabajar! (Adriana comienza a golpear el tronco como si estuviera clavando. Sofía, hace que serrucha una de las ramas.)

4. Don grillo
- ¡Ay!, ¡auxilio! ¡socorro, (Gesticulando) me están tumbando la casa! ¡Ay!, ¡Auxilio! ¡Ay!…
(Adriana y Sofía Dejan de jugar. Miran asombradas al grillo)

5. Sofía
-¡Un grillo que habla!

6. Don grillo
-¡Claro que puedo hablar! Puedo hablar y cantar y brincar cuanto me plazca, pero eso no es motivo para que me tumben la casita.

7. Adriana
-¿Y por qué grita?

8. Don grillo
-¡Porque me están tumbando la casa!

9. Sofía
-Lo siento señor grillo. Sólo jugábamos a los carpinteros.

10. Adriana
-Estas herramientas no son de verdad, son de plástico.

11. Sofía
-Es cierto, el serrucho no corta; únicamente hace risrás, risrás. (Le enseña el serrucho al público y le pregunta) -¿Verdad que solo hace risrás? (Escucha al público luego se dirige a don grillo) -¡Lo ves!

12. Don grillo
-Pero, los golpes del martillo y el ruido del serrucho son verdaderos; y asustan. Asustan mucho. Por un momento pensé que se iba a repetir la historia...

Escena II


13. Adriana
-¿Qué historia?

14. Don grillo
-Yo vivía feliz al lado de una quebrada rodeado de flores y árboles frondosos..., entonces, llegaron unos desarrolladores.

15. Adriana
-¿Desarrolladores?

16. Sofía
-¿Qué es eso?


(Entran dos desarrolladores con planos y una cinta métrica.)

17. Desarrollador 1
-Nuestro negocio es comprar y vender tierra…

18. Desarrollador 2
-Y construir urbanizaciones y centros comerciales. (Se ponen a medir y a apuntar en una libreta.)

19. Don grillo
-Talaron los árboles y aplanaron la tierra para construir calles y edificios. Sin árboles ni matas en el lugar, apenas llovía. La mayoría de los pájaros y animales decidieron buscar otro sitio para vivir.

20.Sofía
-¿Se fueron todos? ¿Las personas también?

21. Don grillo
-Casi todos. La gente comenzó a enfermar por falta de agua potable.

22. Adriana
-¿Agua qué?

23. Don grillo
-Agua potable, así se le llama al agua que las personas pueden beber sin temor a enfermar.

24. Sofía
-Por favor, don grillo, continúe la historia.

25. Don grillo
-Las fábricas cerraron, pues, los trabajadores se mudaron, buscando otros sitios más saludables para sus familias. En poco tiempo, el lugar se convirtió en un pueblo fantasma. A pesar de todo, quería quedarme… ¡Yo había nacido allí! Entonces…, ocurrió algo espantoso.

Escena III


26. Abuela
-¡Adriana!, ¡Sofía! Es hora de comer.


(Adriana y Sofía, eran primas. La abuela las cuidaba.)

27. Sofía
-¡Ya vamos, abuela!

28. Adriana
-¡Ya vamos! Déjanos un ratito más.

29. Abuela
-Está bien, pero solo cinco minutos más.

30.Adriana
-¡Gracias abuela!

31. Sofía
-¡Por favor, don grillo, termine la historia!

32. Adriana
-¡Sí, que nos tenemos que ir!

33. Don grillo
-Lo que ocurrió espantoso fue… ¡Que nos azotó un huracán! La tierra pelada, la fuerza del viento y la enorme cantidad de lluvia que caía hizo que el cerro se convirtiera en un río de lodo cuya fuerza arrasó con todo lo que tenía por delante. Apenas escapé. Pues, para evitar ser sepultado por el deslizamiento de tierra, brinqué a un pedazo de rama que flotaba quebrada abajo… Y, bueno…, aquí estoy. ¡Y ustedes me quieren tumbar la casita!

34. Sofía
-Perdone, señor grillo; no lo volveremos a molestar. Quisiéramos que fuera nuestro amigo.

35. Don grillo
-¡Está bien! Ya lo olvidé. ¡Ya lo olvidé! Sólo fue un susto.

36. Adriana
-Don grillo, ¡necesitamos su ayuda! Nuestros padres piensan talar los árboles que están en la parte de atrás de la casa de abuela.

37. Sofía
-Sí, los que están al pie del cerro.

38. Adriana
-Por favor, don grillo, venga con nosotros para que le cuente a nuestros padres, que están por llegar; lo que a usted le pasó. No queremos que algo así nos suceda a nosotros también.

39. Don grillo
-No puedo. Nunca hablo con las personas mayores. Converso únicamente con los niños.

40. Sofía
-¡Pero hay que advertirles!

41. Don grillo
-Eso, se lo dejo a ustedes. (Se aleja del lugar a grandes saltos.)

42. Sofía
(Al público) -¿Se lo decimos nosotras? (Después de la respuesta del público) -Sí, hablaremos con nuestros padres sobre la importancia de proteger el ambiente.

43. Adriana
-Todos podemos contribuir a un mejor Puerto Rico. Se pueden construir casas y edificios pero con una buena planificación.

©Andrés Díaz Marrero

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El Cruce

Personajes:

Carlos
Rosa
Luis
Rubén



Por favor lea: Condiciones de Uso Escena I

(A la izquierda del escenario hay una vereda flanqueada por varios arbustos. A la derecha, justo a la salida del escenario, la orilla del río. A corta distancia de la orilla un árbol frondoso. Al fondo se observa el reflejo esporádico de relámpagos y se escucha el sonido atenuado de los truenos. Entra el grupo de niños por la izquierda.)


Carlos
-¡Vengan! Vamos a pasar por allí. (Señalando) Esa es la parte más llana del río.


Rosa
-Hay que avanzar, pues ha estado lloviendo mucho y cuando llueve los ríos pueden tornarse peligrosos.


Luis
-(Se detiene) ¡Esperen un poco! Yo creo que el río está creciendo…


Carlos
-¡Bah!, ¡no seas bobo! No ves que cruzaremos por la parte más llana.


Luis
-Es que…


Carlos
-(interrumpiéndolo) ¡Ya!, no tengas miedo, ¡tan grande y tan cobarde!


Rubén
-¡Déjalo hablar!


Rosa
-Sí, déjalo que hable.


Luis
-Escuchen el ruido de la corriente, eso significa que el agua está bajando mucho más fuerte. Y miren, (señala) miren el color fangoso que tiene y los matojos que arrastra.


Carlos
-(Restándole importancia.) Eso siempre sucede cuando llueve.


Luis
-Sí, pero no de esa manera.


Rosa
-Es cierto, el agua se ha llenado de matas.


Rubén
-y está completamente turbia.


Carlos
-(En reproche, a Rosa y a Rubén.) Ustedes se han dejado meter miedo (señalando a Luis) de éste.


Rubén
-No es miedo, es que creo que Luis tiene razón. No tenemos necesidad de arriesgarnos.


Rosa
-Además, tenemos instrucciones de nuestros padres de que cuando el río esté crecido, esperemos.


Carlos
-(Con coraje.) ¡Quédense ustedes! (Camina hacia el río.)


Luis
-(Tratando de que desista corre brevemente tras él; una vez lo alcanza lo sujeta levemente por la mano y le ruega.) ¡Por favor, Carlos!


Carlos
-(Apartándole con fuerza la mano. ) ¡Déjame quieto, cobarde! (Prosigue su camino hacia el río.)


Rubén
-¡Carlos!


Rosa
-¡Regresa, Carlos!


Luis
-¡Regresa, por favor!


Carlos
-(Se voltea hacia el grupo.) ¡Miedosos!, ¡son un chorro de miedosos! (Camina unos cuantos pasos y sale. Se oye la corriente del río golpear con más fuerza.)



Telón



Escena II

(Al fondo del escenario: la orilla del río y el árbol. De frente hacia el público: el río, del cual sobresalen algunos peñascos. Carlos ha comenzado a cruzarlo. Sus amigos lo observan, temerosos, desde la orilla. Camina tres pasos, vacila; quisiera retractarse; pero, habiendo empeñado su palabra, prosigue temerario. Da dos pasos adicionales, se resbala y cae. Logra asirse de una de las rocas que sobresalen del río, sin embargo, la corriente que ha aumentado amenaza con arrastrarlo.)


Carlos
-¡Ay!, ¡auxilio!


Rosa
-¡Dios mío!


Rubén
-¡Carlos!


Luis
-¡Tenemos que hacer algo!


Rubén
-Sí, pero…


Rosa
-Hagamos una cadena con nuestros brazos.


Carlos
-¡Ayúdenme, por favor!


Luis
-¡Ya vamos!, sujétate bien, pronto te sacaremos. (Los tres hacen una cadena con sus brazos pero, es muy corta y aunque tratan no pueden alcanzarlo.)


Rubén
-Está muy lejos y nuestros brazos no llegan…


Carlos
-¡Auxilio!, ¡auxilio!, ¡por favor, sáquenme!, ¡me estoy resbalando!


Luis
-(A Rubén.) ¡Pronto, quítate la camisa!, (Comienza a quitarse la suya.) ¡avanza!, ¡vamos!, ¡rápido, avanza!


Rubén
-(Obedeciendo) Pero, no debemos tirarnos al río, la corriente está demasiado fuerte, nos arrastraría a nosotros también.


Luis
-No, no haremos eso. Las camisas son para anudarlas; luego con mi cinturón amarro uno de sus extremos a la muñeca de mi mano, volvemos a hacer la cadena con nuestros brazos, Rosa se sujeta fuertemente del árbol y yo le lanzo el cordel que hemos improvisado.


Rubén
-¡Estupendo!, ¡manos a la obra! (Rosa y Rubén anudan dos de las mangas, mientras Luis se amarra con el cinturón una de las que queda suelta. Hecho lo anterior hacen la cadena según lo acordado.) ¿Listos?


Rosa y Rubén
-(A coro.) ¡Sí!


Carlos
-¡Auxilio!, ¡ay!, ¡ay!, (llorando) ¡por favor..!


Luis
-(Lanzando la cuerda improvisada.) ¡Toma, agárrate fuerte!, ¡enróllala en tu mano. Nosotros te halaremos.


Carlos
-(No hace intento de agarrarla.) ¡Tengo miedo!, ¡ay!, ¡ay mamita!, ¡voy a morir!, ¡voy a morir!


Luis
-¡Escucha, Carlos! Todos tenemos miedo, pero debes de hacer un esfuerzo y agarrarte de las camisas. Nosotros te sacaremos. ¡Te lo prometo! (Lanza la cuerda nuevamente. Carlos se agarra de ésta.)


Carlos
-¡Ya!, ¡ya!, ¡ya la tengo! (asustado) ¡Por favor, sáquenme!, ¡no me suelten!, ¡no me vayan a soltar! (Rosa, Rubén y Luis halan con fuerza hasta sacarlo.)


Rubén
-(Con alegría.) ¡Lo logramos!, ¡lo logramos!


Luis
-¡Gracias a Dios, que lo logramos!


Rosa
-¡Ay!, ¡ay, gracias!, ¡gracias Diosito mío!


Carlos
-(Al grupo.) ¡Gracias, amigos!, (se abrazan.)¡Gracias por salvarme la vida…




Fin


Andrés Díaz Marrero